Londres, 4 de octubre de 1892

Querido Kugelmann:

Muchísimas gracias por el pedacito de Leibnitz.

En lo que respecta al señor Vogt, le ruego envíe un ejemplar a Bebel y dos a mí, pero si usted mismo no posee otro, ni que decir tiene que se quede uno y me mande solo uno.

En cuanto a El caballero de la noble conciencia y Palmerston, ¿qué ha hecho?, he desenterrado un ejemplar más de cada uno y se los adjunto.

En cambio, no tengo más que un ejemplar de la Neue Rheinische Zeitung, pero ningún número suelto, y solo unos pocos volúmenes de la Revue; si quiero una colección completa he de pedirla prestada. Sería mejor que consiguiera que Miquel le devuelva la suya. Después de todo, él es el único que ahora podría correr peligro por tenerla en su poder y le agradecerá que se la quite de encima. No obstante, el tomo I, así como otros tomos sueltos, aparecen de vez en cuando en los catálogos de libros de segunda mano.

Por lo demás, estoy medianamente bien de salud. Pero si espera usted un exhaustivo discurso patológico sobre mi algo complicado y sin duda también algo oscuro caso, me temo que no puedo complacerle. Mantengo correspondencia con muchos médicos en 5 o 6 países y todos quieren el mismo tipo de información. Esto me supondría una correspondencia médica que me llevaría más tiempo que la política, y eso es absolutamente imposible. Tal como están las cosas, mi trabajo en el tomo III se ve obstaculizado por los asuntos de negocios de los que he de ocuparme, y de los que hay más que de sobra. Así que le ruego que me disculpe. Todo el asunto no reviste la menor gravedad, pero es una molestia ocasional. Reciba mis más atentos saludos a su esposa e hija.

Suyo  
F. Engels