Ryde, Inglaterra, 19 de agosto de 1892  
The Firs, Brading Road

Querido Victor:

* Emma Adler

Eso es lo que trae consigo la exuberancia. En vez de andar correteando contigo y los tuyos por Lunz o Viena, he tenido que quedarme aquí en Ryde, cuidando con miserable mimo lo que Heine llamaba «mi cuerpo no del todo sano»; aunque están prohibidos el paseo y la bebida, el aburrimiento, por lo visto, no. Tantas ganas como tenía de ver por fin Viena, de estar contigo y con todos los demás y, sobre todo, de conocer personalmente a tu mujer * y a los niños, y ahora se me atraviesa este maldito asunto. Además, también me proponía recabar la opinión de un médico vienés —o, quizá también, de uno de Berlín— sobre este caso algo oscuro, y pedirte, después de ponerte al corriente de los hechos, que me recomendaras a un especialista. Porque aquí hay tantas facultades de medicina como hospitales, y los únicos hombres que recomiendan los médicos de cabecera son los del hospital donde ellos mismos hicieron su formación; lo cual no es del todo malo, porque son los que mejor conocen, pero reduce sobremanera el campo de los posibles consultores y encoge el mundo médico de Londres a las dimensiones de una pequeña ciudad universitaria alemana. Así pues, esta recaída repentina me resulta además positivamente perjudicial.

Bueno, si hay un consuelo es que aplazar no significa diferir indefinidamente, y lo que un año se malogra quizá se logre al siguiente. En todo caso, esto me ha enseñado una lección que no olvidaré tan pronto. Quedarme por completo sin mi viaje de verano —¡y qué viaje!— ya es bastante malo, y tendré motivos de sobra para lamentarlo este invierno, pues sé demasiado bien que el leve cambio de aires de Londres a Ryde °*° no surte ni de lejos el mismo efecto sobre mi viejo armazón que un viaje al Continente y, en especial, a los Alpes. Mi salud no será tan buena este año como lo fue después de los viajes que hice, primero a América, ! luego a Noruega ° y, el año pasado, a Escocia e Irlanda. ?** Pero espero que lo superemos, y en ese caso arreglaremos las cosas definitivamente el año que viene. Porque tengo que ir a Viena y, a ser posible, también a los Alpes austríacos; los Alpes suizos albergan demasiados suizos y se han convertido ya en demasiado lugar de exhibición, de modo que prefiero con mucho los campesinos de Anzengruber. Y para entonces, o así lo espero, los encontraré a ti y a tu mujer en perfecta salud, mientras yo mismo volveré a estar en condiciones de andar trepando por las montañas. ¡Hasta el año que viene, pues!

Mientras estoy aquí, he estado incursionando en el cristianismo primitivo y ando leyendo a Renan4 y la Biblia. °**° Aunque asombrosamente superficial, Renan es un hombre de mundo y, como tal, su horizonte es más amplio que el de los teólogos escolásticos alemanes. Por lo demás, su libro es una novela, y lo que dijo de Filóstrato se aplica igualmente a él mismo, a saber, que podría utilizarse como fuente histórica del mismo modo que, por ejemplo, las novelas de Alejandro Dumas padre podrían emplearse como fuente sobre la época de la Fronda. En cuestiones de detalle, lo he sorprendido cometiendo los desatinos más espantosos. Además, plagia a los alemanes con una desvergüenza sin par.

Louise te habrá transmitido la información que le envié anteayer acerca de los obreros del algodón de Lancashire y su repentina conversión a la jornada de ocho horas.” '5* Cada día ocurren cosas semejantes. Ayer, asambleas de delegados en representación de distritos enteros volvieron a votar unánimemente a favor de la semana de 48 horas, mientras en otros distritos la moción se aprobó en todos los casos por mayoría, generalmente de dos tercios. Esto ha quebrado definitivamente la espina dorsal de la oposición dentro de la clase obrera.

Los rusos son desafortunados. Primero una hambruna que se repetirá este año, aunque de forma más crónica, y luego el cólera. Y ahora, cuando su amigo Gladstone ha tomado el timón aquí, tiene que nombrar secretario del Foreign Office a Rosebery, quien se niega a tener trato alguno con la rusofilia de Gladstone.

August quiere que vaya a Berlín si es en absoluto posible. Bueno, me gustaría, pero ¿se podrá? Llevo diez días sin apenas poner un pie fuera de la verja del jardín y todavía no sé si realmente estoy mejorando. Porque lo cierto es que, si me muevo un poco demasiado pronto o demasiado, puedo encontrarme otra vez como al principio. Y tengo que decidirme en diez días, o a lo sumo en quince…, bueno, ya veremos.

Así que da recuerdos a todos nuestros amigos y, sobre todo, a tu mujer y a tus hijos, y diles cuánto lamento no haber podido venir este año. Pero el que viene espero compensarlo. Y un cordial saludo para ti de tu viejo y tullido

F.E.

Permaneceré aquí al menos hasta el 31 de este mes. °*°

4 E. Renan, *Histoire des origines du christianisme*. — Véase este volumen, págs. 497, 503‑504.