Querido Schmidt:

Hace pocos días regresé de Ryde, donde he estado haciendo una visita involuntaria de seis semanas a Pumps.[7] Una afección fastidiosa, aunque por lo demás insignificante, me arruinó tanto las vacaciones como una gira por el continente en el curso de la cual, de otro modo, muy posiblemente me habrías visto en Zúrich.

Espero con interés ver tus otros artículos sobre la tasa de ganancia. ¿Fireman no me envió su artículo? — ¿se puede conseguir ese número en concreto? De ser así, lo encargaré, con tal de que puedas decirme exactamente qué número era, así como el título del artículo. Imprimir la sección sobre la tasa de ganancia por separado y de antemano está completamente fuera de lugar, pues deberías saber que en Marx todo está tan interrelacionado que nada puede arrancarse de su contexto. En cualquier caso —siempre y cuando mi salud se mantenga y me dejen en paz— habré terminado el Volumen III[‘] este invierno (pero, por favor, no digas ni una palabra al respecto; sé con cuánta frecuencia ha surgido algún contratiempo), con lo cual se acallará a las pobres almas profesoralas en ese punto, solo para sumirlas de inmediato en un estado aún peor de agitación.

En cuanto a la concepción de la historia de Marx, encontrarás un artículo mío al respecto en el próximo número de la Neue Zeit; ya ha aparecido aquí en inglés.[*]

Los alemanes son completamente inútiles en materia de dinero y crédito. Hace muchos años, el propio Marx ridiculizó despiadadamente a Knies.[*] Lo más útil en inglés es la obra de Tooke, An Inquiry into the Currency Principle, 1844, y la de Fullarton, On the Regulation of Currencies, 2.ª ed., 1845, ambas solo asequibles de segunda mano. Todo lo que hay que decir sobre el dinero en cuanto dinero se encuentra en el primer volumen de El Capital. En el tercero habrá, por supuesto, mucho sobre el crédito y el dinero crediticio; esa es precisamente la sección que más trabajo me está dando.

La interpretación económica de la historia, de Rogers, es en muchos aspectos un libro muy instructivo, aunque desde el punto de vista teórico sea sumamente superficial. Por supuesto, no se trata en modo alguno de una interpretación a la Marx.

Tu ensayo en la Neue Zeit* me ha dado un gran placer. Parece cortado a la medida de este país, pues la Fabian Society[27] rebosa literalmente de jevonsianos-mengerianos[28] que miran con infinito desprecio a un Marx al que, según ellos, hace tiempo que han superado. Si hubiera por aquí una revista que lo aceptara, con tu permiso le pediría a Aveling que lo tradujera bajo mi supervisión. Pero justo ahora no parece probable que esto se concrete, al no existir tal revista.

En cuanto a los estimables Independientes,[29] su suerte es obra suya. Durante años el partido ha soportado sus ladridos con una paciencia verdaderamente angélica e incluso en Erfurt[30] les dio amplia oportunidad de fundamentar sus mendaces chismes; pero un millón de personas no puede seguir soportando eternamente el obstruccionismo de cincuenta jovenzuelos que se reservan el derecho de lanzar calumnias sin tener que probarlas. Ahora que han sido expulsados, ahora que tienen la oportunidad de mostrar de lo que son capaces, lo único que obtenemos son mentiras interminables y vituperios. Y ¿qué es lo que han conseguido, me pregunto, aquellos que parecían prometer algo —los Kampffmeyers, Ernsts, Millers y demás— ahora que ya no están bajo el yugo de la dirección del partido? Su periódico* carece por completo de contenido y, aparte de eso, no producen nada. Si estos señores creen que son capaces de algo, ¿por qué no lo hacen? Y el caso no cambia en absoluto por el hecho de que, al polemizar contra ellos, como en tantas otras cosas, el Vorwärts sea a veces torpe y con demasiada frecuencia se pase de la raya. ¿Acaso estos señores, ya antes de la escisión, no trataron al grupo parlamentario y a la dirección del partido con un lenguaje no menos destemplado que el empleado por el Vorwärts contra ellos mismos? Por lo demás, en general, son completamente inofensivos. En Alemania están tan moribundos como cualquiera que se desprende del gran movimiento. Ahora que el movimiento ha cobrado fuerza realmente en el interior de Alemania y se dirige desde ese país, las sociedades en el extranjero son el único caldo de cultivo propicio para esa clase de rencillas que yo he tenido que soportar durante 45 años en la sociedad de aquí.[31] Hasta 1860, los mejores solían estar, por regla general, en el extranjero; hoy la situación se ha invertido. Las sociedades en el extranjero se componen de elementos muy poco permanentes, que muy rara vez alcanzan el nivel medio de los de casa, que permanecen al margen del movimiento en Alemania, del cual no son más que apéndices superfluos, y que, al carecer por lo común de una ocupación genuina, se aburren y, por tanto, son mucho más propensos a las pequeñas rencillas.

Sé que tienes muchos amigos de infancia y de universidad entre los «jóvenes», pero es algo con lo que tienes que reconciliarte. De hecho, es perfectamente posible seguir siendo buenos amigos a pesar de las diferencias políticas. Pero todos nosotros hemos tenido que pasar por lo mismo; en mi caso, en mi propia y piadosa familia ultrarreaccionaria. Y luego existe siempre la posibilidad de ejercer una influencia benéfica sobre tus viejos amigos orientando sus pasos hacia el estudio, en lugar de la fanfarronería. Si estos señores se limitaran a continuar sus estudios, los más útiles de entre ellos pronto entrarían en razón. Pero me temo que la megalomanía crónica que tanto abunda en esta gente se lo impedirá. Y en cuanto a la provocación y el encono, son cosas inevitables dadas las circunstancias. «No he venido a traer paz, sino espada».

Dentro de los próximos días te haré llegar La situación de la clase obrera.*
Con cordiales saludos,
Tu
F. Engels