Ryde, 25 de agosto de 1892

Querido August:

Tu carta del 23, desde St. Gallen, ha llegado esta mañana. Sé perfectamente que los prusianos no pueden hacerme ningún daño grave, pero más vale prevenir que curar y nunca se sabe qué argucias pueden urdir esos señores. En cualquier momento, a algún celoso y oficioso policía podría ocurrírsele ponerme las cosas difíciles bajo cualquier pretexto falso y, quizás, aprovechar la ocasión propicia para apoderarse de ciertas cartas de Miquel a Marx.* Y, como sabes, los prusianos tienen por norma no humillar en público a ningún funcionario que cometa una torpeza, sino, a lo sumo, echarle una reprimenda en privado después de haber blanqueado públicamente lo que ha hecho.

A propósito, mi proyectado viaje está una vez más en el aire. Durante los últimos dos días he ido un par de veces, con paso lento, hasta la oficina de correos más cercana, a unos trescientos pasos de casa, y esta prueba de fuerza ha tenido de nuevo como resultado una incapacidad total, aunque temporal, de andar más que unos pocos pasos, una extraordinaria sensibilidad a la presión del vendaje en la región inguinal, etc. — lo cual significa que estoy otra vez postrado. Hoy hay cierta mejoría por haber guardado reposo, pero que en los trece días que median entre hoy y el 7 las cosas mejoren lo suficiente para que pueda emprender el viaje es, me parece, muy dudoso. Bueno, ya veremos.

De Louise no hay más noticias. En cambio, me alegró mucho saber por Dietz que, a petición tuya, había pagado a Victor la segunda parte de los honorarios por la «Condición»,** a saber, 500 marcos.*** A principios de septiembre saldrá otra cosa mía en la _Neue Zeit_,**** cuyos honorarios serán pagados a Victor, y también he dado instrucciones a Dietz de que le pague todos los saldos que me correspondan en su firma. Este invierno tengo que terminar el tercer tomo de _El Capital_ y luego, una vez libre de esa carga, podré volver a ganar algo más de dinero.

Tienes toda la razón en que sería una auténtica locura que el gobierno tomara los presupuestos militares como ocasión para disolver el Reichstag, si se rechaza el período de dos años de servicio militar.***** Sin embargo, no podemos excluir la posibilidad de que algo así suceda — considerando la naturaleza de los factores «determinantes» en el Imperio alemán hoy en día.

Que Rusia no puede ir a la guerra en Europa es evidente por sus actividades en Asia Central — el otro cuerno de su dilema. Y allí se está comportando de manera muy insensata. No intimidará a los británicos, sino que despertará su cólera y hará imposible que el señor Gladstone dé rienda suelta a su rusofilia. Aunque Gladstone pudiera estar dispuesto a sacrificar Constantinopla, en modo alguno toleraría una amenaza a la India; eso no lo consentiría jamás.

La Isla de Wight me parece de un aburrimiento intolerable cuando pienso que emprendes solo ese viaje en el que debería haberte acompañado. ¡Y luego Louise va y se imagina que estoy fingiendo la enfermedad! En lugar de enviar esta carta a Lunz, mil veces habría preferido ir en persona. Hoy hace quince días que estoy confinado en esta pequeña casa y jardín como en una prisión, habiendo hecho en los últimos cuatro días solo tres excursiones de trescientos pasos camino abajo — con el resultado de que estoy de nuevo bajo el más riguroso arresto domiciliario y jardinero. Hoy hay una exposición de flores en el muelle y mañana una regata, y todos los _Pumpses_****** irán, mientras yo tendré que quedarme en casa — ¡qué fastidio! Lo único de lo que realmente me alegro es de que este trastorno no me haya sobrevenido estando de viaje — eso sí que habría sido un buen lío.

Bueno, da recuerdos a Victor y a su esposa******* e hijos; también a la Bruja, que presumiblemente me habrá escrito entretanto, y diles a todos cuánto siento no poder salir a reuniros. Pero el año que viene, si todavía estoy vivo, iré sin falta.

Tuyo
F. E.

* Véase la carta de Marx a E. S. Beesly del 12 de junio de 1871 (presente edición, vol. 44). — ** segunda edición alemana (1892) de _La situación de la clase obrera en Inglaterra_. — *** Adler. — **** F. Engels, «Introducción a la edición inglesa (1892) de _Socialismo: utópico y científico_». — ***** Véase este volumen, p. 504. — ****** Personajes estirados y pretenciosos [término irónico acuñado por Engels]. — ******* Emma Adler.