Londres, 22 de julio de 1892  

Mi querido Lafargue:  

Esperemos que esta vez la batalla de Eylau no sea, como su predecesora, una batalla indecisa[1] y que lo que el señor Weinschenk les trasiegue resulte vino de calidad respetable.[2] Empiezo a comprender el antisemitismo francés cuando veo cómo estos judíos de origen polaco con nombres alemanes se insinúan por todas partes, reclamándolo todo como propio, empujándose hacia delante hasta el punto de modelar la opinión pública en la Ciudad de la Luz,[3] ciudad de la cual vuestro simplón parisino está tan orgulloso que la cree el poder supremo del universo.  

En todo caso, no es un síntoma que quepa pasar por alto el que estos caballeros opinen ahora que un periódico socialista es una inversión segura. ¡Cotizamos en la Bolsa! Eso sí que es una señal de progreso.  

Creo que Millerand tiene razón al aconsejaros depositar 25.000 o, mejor aún, 50.000 francos a vuestro nombre en un buen banco. Esa es la única garantía, pero cuidad de que el banco os acredite esa suma sin condición alguna. Debe enviaros una carta formal en la que se indique que la suma de... ha sido acreditada a vuestro nombre y que sois libres de disponer de ella cuando queráis. Además, en el contrato entre vosotros y Guesde, Weinschenk debería autorizaros a retirar esta suma en caso de que él incumpla el contrato. Porque de lo contrario el contrato privado entre él y vosotros dos no sería vinculante para la compañía que se funde —a menos que ésta lo hubiese aceptado expresamente. Pero estas son sutilezas jurídicas y Millerand os aconsejará sin duda debidamente.  

En cuanto al cólera, es prácticamente seguro que llegue hasta aquí. Mientras tanto, completa la obra de paz iniciada en 1891 por la hambruna en Rusia. Lo que escapa a mi comprensión es la estupidez de vuestro burgués francés, que evidentemente cree que Rusia es una potencia capaz de hacer cualquier cosa por Francia. Si tuviese una pizca de sentido común vería que en este momento la alianza con Francia es absolutamente indispensable para Rusia y que, cualquier cosa que Francia quisiera, Rusia tendría que concederla. Pero en todos los países occidentales la actitud de nuestros políticos oficiales hacia Rusia es de una estupidez increíble. Francia, en la forma de su ejército, tiene todas las salvaguardias que necesita. He estado leyendo un artículo de un oficial inglés, no de uno de esos generales vuestros de la vieja escuela, que deben sus ascensos a su ignorancia, sino de un coronel que conoce su oficio y que habla del ejército francés con una envidia genuinamente sentida —siente envidia porque sabe que las ventajas de las que goza son impracticables en Inglaterra debido a la diferencia fundamental entre las dos instituciones militares. Pero dice que el ejército francés es verdaderamente democrático —en los regimientos, es decir, en su organización vital—, que oficiales y soldados se respetan mutuamente y trabajan juntos hacia el mismo fin, que todos los rangos conocen su oficio, que incluso los territoriales[4] han dado mejores soldados de lo que cabría esperar, que la verdadera disciplina es excelente y está basada en la buena voluntad de todos, que la instrucción militar se limita a lo realmente necesario en la guerra, pero que dentro de esos límites dicha instrucción es perfectamente adecuada, y que se evitan rigurosamente todos los desfiles superfluos. En resumen, si se exceptúa la mejor instrucción que reciben los franceses, es una descripción del ejército prusiano tal como fue reorganizado después de 1807 bajo Scharnhorst, y ese es el mayor cumplido que se le puede hacer al ejército francés. Empiezo a creer que batallón por batallón es tan bueno como el ejército alemán, si no mejor. La superioridad de los alemanes reside en el gran número de oficiales de reserva; la superioridad de los franceses, en las buenas relaciones entre los soldados y sus oficiales. En nuestro caso, los soldados son vergonzosamente maltratados.  

Tienes razón. La semana que viene me marcho a Ryde.[5] Louise parte el próximo domingo para Viena y yo partiré probablemente el miércoles. Así que si escribís después del martes, la dirección es: The Firs, Brading Road, Ryde.  

Confío en que Laura esté bien; no hemos sabido una palabra de ella.[6] Puesto que la distancia me impide darle un beso, dáselo tú de mi parte.  

Saludos, Señor Judío Errante,[7]  

F. E.  

[1] E. Aveling y E. Marx-Aveling, «Die Wahlen in Großbritannien», *Die Neue Zeit*, 10. Jg. 1891/92, 2. Bd., Nr. 45.  
[2] Juego de palabras en el original: *verser* significa «trasegar» e «invertir capital»; *Weinschenk* es un apellido y también significa «vinatero».  
[3] París. — Véase este volumen, pp. 242, 343-44 y 374-75.  
[4] Sin nota.  
[5] Sin nota.  
[6] Sin nota.  
[7] Sin nota.