Londres, 5 de marzo de 1892

Querido Sorge:

He recibido tus cartas del 15, 22 y 29 de enero y las tarjetas postales del 2, 4 y 13 de febrero. También los periódicos acerca de Anna.° Esta última ha sucumbido, por lo visto, a esa dolencia de moda, la megalomanía. Es extraño: esta clase de gente, los Hartmann y compañía, sirven para una sola hazaña — buena, mala o indiferente — y, una vez realizada, no sirven para nada más,* como diría Schorlemmer.

Aunque, por desgracia, no he tenido tiempo de leer tu último artículo en la Neue Zeit, tendré que hacerlo, pues sólo con tu ayuda puedo seguir los acontecimientos de América sin extraviarme.

Estoy terriblemente agobiado con toda clase de tareas y de fastidiosos cabos sueltos. Deberías ver la masa de periódicos alemanes, franceses, italianos, españoles, polacos, rusos, daneses, americanos, ingleses y, de vez en cuando, rumanos que recibo y que al menos tengo que ojear para mantenerme al corriente del movimiento. Por no hablar de las tareas propiamente dichas que devoran el resto de mi tiempo. ¡Y la correspondencia! Tengo un atraso que me durará una semana. Y encima se supone que he de terminar el tomo III. Es espantoso. Pero de algún modo saldrá adelante. Sólo que vosotros debéis tener paciencia si a veces dejo que mi correspondencia decaiga.

En Francia las cosas marchan muy bien. Lafargue utiliza su asignación para gastos y su pase libre de ferrocarril para viajar por todas partes, de Lille a Toulouse, haciendo agitación, y con brillante éxito. Todas las demás fracciones socialistas han sido desplazadas a un segundo plano por la nuestra, e incluso en París los posibilistas[?] continúan batiéndose en retirada, gracias a sus querellas internas y a la vigorosa acción de los nuestros. De nuevo piensan en un diario como órgano del partido, y ahora tendría más posibilidades de éxito.*?° Es estupendo que hayan echado a Constans del Ministerio del Interior; el tipo estaba decidido a provocar fusiladas, a tiros, y podemos prescindir de ellas. Puesto que nuestra manifestación del Primero de Mayo coincide con las elecciones municipales en toda Francia,*? un tiroteo es un lujo que ningún ministro podría permitirse a menos que, como Constans, contara con un escándalo pasajero.

Aquí las rencillas continúan como antes, pero a pesar de ello la causa progresa al genuino estilo anglosajón, lenta pero seguramente. Todo se disuelve siempre en pequeñas batallas individuales que no pueden evaluarse hasta que se resuelven. De momento éstas conciernen a la celebración del Primero de Mayo. Por un lado los nuestros; por el otro, y en oposición a nosotros, el Trades Council[19°] (los sindicatos gremiales más anquilosados) y la Social Democratic Federation[7°]; los dos enemigos de antaño se han visto obligados a unirse contra nosotros, lo que de por sí ya es una victoria. Nosotros tenemos posesión de Hyde Park, y la posesión equivale a nueve décimas partes del derecho. Ya se verá cómo acaban las cosas. Por nuestra parte probablemente contaremos con los gasistas,[18°] con algunos de los sindicatos más pequeños y con los clubs radicales[20°] (casi exclusivamente de clase obrera); lo que suceda después está por verse.

Y ahora Alemania. Allí las cosas marchan a las mil maravillas, no podríamos desear nada mejor, aunque sin duda experimentaremos unos cuantos golpes bastante duros en un futuro próximo. Desde el comienzo, el pequeño Willie* ha sido un ejemplo acabado de «último de la estirpe» con una singular aptitud para arruinar a la dinastía y a la monarquía. Pero ahora su locura ha adquirido una forma aguda y su megalomanía es tal que ni puede dormir ni callar. Por suerte, la regis voluntas que, en un abrir y cerrar de ojos, se convertiría en suprema lex,*'% se dirige un día contra nosotros y al día siguiente contra los liberales, y ahora ha descubierto realmente que son los liberales, de quienes procedemos nosotros, la fuente de todo mal; eso se lo han enseñado sus amigos clericales. Y ahora procesa a la Kölnische Zeitung por lesa majestad*? y no descansará hasta haber empujado a vuestro manso filisteo alemán a la oposición. ¿Qué más podríamos pedir? Hace un mes, cuando se escuchó en el Reichstag el discurso de Stumm,*?! aún era posible prever la reintroducción de la Ley contra los socialistas, pero eso ya no es el caso, pues Guillermo está más indignado por la oposición de la burguesía a su proyecto de ley de clericalización de la enseñanza primaria*?! que por todos los socialdemócratas juntos, y preferiría dejarnos en paz antes que hacer concesiones a los otros. De hecho, en ambas cámaras la mayor oposición le viene de los partidos burgueses, no de nuestros 35 diputados en el Reichstag; en la cámara prusiana no tenemos ningún escaño. Sin embargo, también nosotros podemos atravesar alguna marejada; aunque ¿qué podría ser mejor que el hecho de que la Corona se ponga en una situación imposible frente a las clases medias y los obreros al mismo tiempo? Los ministros son todos hombres de segunda o tercera fila; Caprivi es un patán firme pero no está a la altura de su tarea, y Miquel no se vuelve más sabio con sus perpetuas mezquindades. En resumen, a este paso puede avecinarse una crisis. En Prusia y en el Imperio pruso-alemán no se puede, como en Baviera, permitirse el lujo de soportar durante años a un monarca demente, y no me sorprendería que, dentro de poco, levantaran un manicomio especial para el pequeño Willie. Y entonces habría una Regencia, que es justamente lo que hemos estado necesitando.

En cuanto a Rusia y la haute politique,* no tengo nada que añadir a mi artículo en la Neue Zeit.

Afectuosos recuerdos de parte de Aveling, que justamente está aquí ahora; Tussy está fuera, haciendo agitación en Plymouth. Louise adjuntará una breve nota. Afectuosos recuerdos para tu mujer,° y cuidaos.

Tuyo,
F. E.

* En el original: nix mehr ze wolle (dialecto del sur de Alemania)  
* Guillermo II