Estimado barón:

Su manuscrito 37° sale hoy por correo certificado. Sólo he podido leer las 16 primeras páginas. Si yo fuera usted, suprimiría la mayor parte de esta introducción. [Le Socialiste, «parcialmente socialista»] Las razones por las que un programa debe llevar un comentario, etc., etc. —en suma, todas esas reflexiones suyas acerca de por qué se escribió el folleto—, no hacen sino debilitar el impacto y disuadir al lector de seguir adelante. Hay que entrar directamente en materia; no podría usted tener mejor justificación. Sobre la disposición del resto, la parte principal, no puedo opinar. Estoy tan abrumado de trabajo de toda índole que no sé si voy o vengo. Pequeñeces nada más, pero que consumen un tiempo escandaloso. Anhelo disponer de tiempo para el tomo III de El Capital, y todos los días me lo roban invariablemente. En fin, ya llegaremos a ello alguna vez.

Recibidos con agradecimiento diez ejemplares de Neue Zeit con mi artículo «El socialismo en Alemania».

En la próxima edición, limítese a corregir el nombre Hodgskin y la cifra 1824 e incluya una nota diciendo que en el original decía tal o cual cosa, obviamente un lapsus calami o error de imprenta.

Menger es un asno y lo seguirá siendo. Su crítica del derecho burgués no es, de principio a fin, más que una vindicación del «Estado policial» frente al «Estado constitucional». Cierto que el derecho, sobre todo el derecho burgués, es más estricto y riguroso que el despotismo policial, que a veces puede parecer humano precisamente por ser despótico. Si tuviera tiempo, pronto pondría fin a esa charla vacua, que sólo es posible en países atrasados como Alemania y Austria.

Me alegra que esté usted de acuerdo con la idea sobre Lutero. No hay prisa.

Devuelvo con agradecimiento la carta de Cunow. Espero con interés ver las ideas que ha elaborado sobre la clase. Ha hecho algunos descubrimientos muy bonitos acerca de la gens peruana. Me había enviado el material y se lo agradecí.

También recibirá usted el sistema de comunidad peruano; acabo de echarle un vistazo.

No creo que, por el momento, corra usted peligro alguno. Tan cambiantes y variados son los apetitos en Berlín que ninguno podría satisfacerse realmente; ahora, de pronto, el burgués liberal se ha convertido en la bête noire. El liberalismo está en la raíz de todo socialismo, de modo que si se quiere actuar con radicalidad hay que aplastar el liberalismo, tras lo cual el socialismo se marchitará automáticamente. Por ahora podemos observar esa maniobra excepcionalmente astuta con callada diversión. Una vez que los filisteos liberales hayan sido sacados de sus casillas —y parece que los están enfureciendo de verdad, quiéranlo ellos o no—, no habrá más falsas alarmas por lo que a nosotros respecta. Aparte de que en Alemania hay también gobernantes a quienes este viento de Berlín les brinda la nada inoportuna ocasión de congraciarse con poco gasto y sacar así capital para el particularismo y los derechos reservados. Cuando empezaron los disturbios callejeros en Berlín, me preocupó un tanto que desembocaran en la ardientemente deseada descarga de fusilería, pero cuando los alborotadores vitorearon al joven Guillermo, apaciguándolo con ello, supe que todo iba bien… Pero intente que clausuren la Kölnische Zeitung junto con Peus, y bien podríamos ver algo divertido.

De modo que, a mi juicio, en la medida en que haya algún peligro, éste se circunscribe principalmente a Prusia, y cuanto mayor llegue a ser allí, tanto mejor les irá a ustedes en los pequeños estados.

Ahora tengo que escribir a Sorge —el correo americano sale hoy—, así que ¡ADIÓS! Aveling, que acaba de llegar, le envía sus mejores saludos. Recuerdos de casa a casa.

Suyo,
F. E.