Londres, 13 de octubre de 1891  

Mi querido Lafargue:  

¿Por qué no me pediste el cheque en cuanto lo necesitaste?  
¿Por qué exponer a Laura a tales humillaciones cuando sabes que una palabra tuya —o de ella— bastaría para ponerles fin?  

Ese buen hombre, Constans, parece empeñado en hacerte diputado por Lille cueste lo que cueste —tanto mejor, esperemos que lo consiga—. Si no tienes más adversario que un oportunista, deberías tener todas las probabilidades de éxito. Es de la mayor importancia que estemos representados por ti en la Cámara; los demás diputados socialistas no parecen estar a la altura; ¡son flojos, flojos, flojos!  

Constans hará sin duda todo lo posible para desbaratar tus planes, pero en ese caso trabajará para ti, lo mismo que Bismarck trabajó para nosotros en Alemania. Porque en mi país no son los socialistas quienes trabajan para el rey de Prusia*; es, más bien, el rey de Prusia quien trabaja para los socialistas. Y bien puede ser que la furia que las rechiflas y los abucheos de Marsella despiertan en el pecho de Constans resulte una poderosa palanca para conseguir que salgas elegido. «¡Sobre todo, no seáis demasiado celoso!», ¡¡señor Constans!!  

Hoy tengo que escribir una larga carta a Bebel* acerca del congreso de Erfurt; hay que discutir varias cuestiones muy importantes. Por eso debo abreviar esta. Sigue sonriendo, trata siempre de tomar el pelo a tus adversarios, poned vuestra confianza en la suerte histórica del partido, y mantened seca la pólvora.  

F. E.  

* es decir, para nada – Guillermo II – * Véase la carta siguiente.  

256 Engels a Bebel. 13 de octubre de 1891  

De parte de Pumps y de los niños que aún están aquí. La pequeña* necesita un corsé de acero para la espalda (está creciendo demasiado deprisa) y el hombre que lo fabrica no hace más que dar largas de un día para otro.