Querido Kautsky:

Estaba a punto de escribirle acerca del programa cuando llegó su carta.

Su proyecto de programa es muy superior al oficial y me complace anotar que Bebel propondrá que se acepte. Le apoyaré en ello. Ha evitado usted el único defecto de su primer borrador —la extensión— y ha superado al oficial en concisión. Sin embargo, quisiera hacer las siguientes sugerencias:

Sección 1, págs. 785/86 de la Neue Zeit, párrafo 2, línea 3: Crecimiento del producto del trabajo humano en lugar de rendimiento. Marx ha señalado lo ambiguo que es la palabra «rendimiento», que puede significar no solo el producto mismo, sino también su valor, o incluso el precio total que se llega a realizar.

Además: Propiedad privada de los medios de producción, con artículo determinado en todos los casos. Lo que se quiere decir, naturalmente, son los medios sociales de producción en su totalidad o bien los de un individuo trabajador aislado, campesino o artesano; en todos estos casos están bien determinados y requieren, por tanto, el artículo. La omisión del artículo deja en duda el significado, o al menos a mí me lo parece.

Sección 2, Neue Zeit, pág. 788, párrafo 1 ha sido redactado de manera un tanto inadecuada. «Que sufre bajo las condiciones actuales» es demasiado débil. Habría sido mejor decir que las clases dominantes también están siendo deformadas intelectual y moralmente por la contradicción de clase, más aún que la clase oprimida. Usted podría darle forma si está de acuerdo. La frase final en el sentido de que el proletariado es la única clase cuyos intereses, etc., ... son apremiantes es también débil. Preferiría «cuya liberación es imposible sin la socialización de los medios de producción», o algo por el estilo.

Párrafo 2. «...Sin derechos políticos no pueden emprender sus luchas económicas» —o establecer su organización como clase militante (lo que necesitan para sus luchas económicas y su organización como clase militante es una medida de libertad política e igualdad de derechos que crecerá con sus éxitos)— el resto como en el texto.

Desgraciadamente no tengo tiempo para más que estas breves sugerencias, pues estoy inundado de trabajos de toda clase.

Aún no he conseguido leer el artículo de Ede.

En su primer artículo, usted también coquetea un poco con la «Utopía». ¿Cuándo y en qué país ocurrieron las cosas que describe entre la pág. 726 («esta metamorfosis coincidió con otra») y la pág. 730? Me parece que, por comodidad, ha servido usted un gran pot-pourri de épocas y lugares de distintas escuelas de pensamiento. Pero no hay nada malo en ello; la gran mayoría de sus lectores no lo notará y cada cual podrá tomar de ahí lo que mejor se adapte a su libro particular.

Gracias por los periódicos. Es bueno que el partido sea lo bastante fuerte como para permitir que los discursos de Liebknecht pasen sin sufrir daño; en cuanto al periódico, que es más importante, por supuesto habrá un cambio antes de poco. Debo confesar que el viejo me asombra por lo mucho que se ha quedado rezagado. Sin embargo, ahora somos una potencia y, como tal, perfectamente capaces de arrastrar con nosotros una herencia de este tipo y concederle la satisfacción de creer que lo ha resuelto todo en el momento en que inventa una fórmula que le tranquiliza sobre cualquier asunto que haya surgido.

El señor J. Wolf también me ha enviado su mejunje. Lo he relegado sin leer a mi estantería y allí tendrá que permanecer hasta que llegue al prefacio del Tomo III. La carta que usted echó al correo en Neumünster me ha llegado ahora. Dice:

«Zúrich, 20 de septiembre de 1891. Estimado señor: En el último número de los Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik de Conrad, un judío de Brno llamado Wolf, que enseña en el Politécnico de aquí, tiene el descaro de acusarle de haber interpretado mal la teoría del valor de Marx y, por tanto, de tener la intención de suprimir el Tomo III. ¿Le dará usted un bofetón? Un admirador.»

Difícilmente, pero tendré que echar un vistazo a esa basura de todos modos.

Escribí inmediatamente a Schmidt diciéndole que, si bien su solución no es la marxiana, el libro contiene material tan excelente en otros aspectos que, a mi juicio, es lo más importante que se ha hecho en el campo de la economía política desde la muerte de Marx. Ahora, sin embargo, tan pronto como atienda los asuntos corrientes, me aplicaré sin descanso al Tomo III y todo lo demás será dejado de lado.

C. Schmidt estuvo en Berlín y, durante las vacaciones, hizo un muy buen trabajo editando el Vorwärts; sin duda ocupará ahora la cátedra en Zúrich que le ha asegurado Stossel a pesar de los profesores.

Hace usted bien en ir al Congreso. Los muchachos encontrarán muchos defectos a la Neue Zeit, pero no se puede evitar. Debe escucharlo todo, ser lo más parco posible en sus respuestas y después seguir su propio camino. Mientras Bebel esté al mando, no hay duda de que todo volverá a equilibrarse.

Nosotros aquí sacaremos buen provecho de la Gillesiada. Hyndman y Cía., que han visto cómo toda su ambiciosa intriga internacional con los posibilistas se ha ido al traste de manera tan lamentable, están furiosos, como es natural, y están detrás de todo el asunto. Es evidente que nada nos vendría mejor que se identificasen con Gilles, aunque desgraciadamente ya están empezando a retirarse. El valor no es el punto fuerte de algunos de estos señores, como usted sabe, ni un par de bofetones es algo que les guste.

Saludos de Louise.

Suyo,
F. E.