{Borrador}

[Londres, comienzos de abril de 1891]

Querido Bebel:

No voy a poder contestar hoy a su carta del 30 —eso se hará en breve, tan pronto como la actual masa de trabajo me deje un momento libre; en lugar de ello, quiero hacerle a usted y a su esposa? mis más calurosas felicitaciones por sus bodas de plata. Confío en que ambos estarán todavía para celebrar sus bodas de oro el 6 de abril de 1916 y, llegado ese día, vaciarán una copa en memoria del viejo muchacho que ahora escribe estas líneas y que para entonces se habrá convertido hace mucho en humo y cenizas.

Una cosa puedo decirle: hay pocas personas vivas hoy a quienes pudiera felicitar con la misma sinceridad y calor en ocasión de tal aniversario. Desde que empezamos nuestra correspondencia y trabamos luego conocimiento personal, he observado una y otra vez cómo nuestras líneas y modo de pensamiento han coincidido en un grado que resulta literalmente milagroso entre personas cuyos procesos de desarrollo han sido tan diferentes. Eso —me alegra decirlo— no impide que no coincidamos en muchos puntos. Pero éstos, a su vez, son puntos en los que con el tiempo se alcanza automáticamente el acuerdo como resultado de la discusión o de nuevos acontecimientos, o bien en los que tal acuerdo acaba por carecer de importancia. Y así espero que siga siendo siempre. No creo que vuelva a darse jamás un caso en que uno de nosotros haya de dar un paso que afecte inmediatamente al otro sin haberle consultado antes. Y yo, por mi parte, sigo bendiciendo el día en que usted entró en correspondencia regular conmigo.