Querido Sorge:

Recibí su carta del 16 de enero.

Me alegra mucho saber que se propone usted suprimir el *Nationalist*. Aquí no encuentro a nadie, ni un alma, que esté dispuesto a leerlo, y yo mismo no tengo tiempo para escudriñar las sesudas lucubraciones de todos esos respetables personajones de variado pelaje. Ya le habría sugerido esa medida hace tiempo, de no haber pensado que, cuando un hombre como usted me manda algo, alguna vez habrá de contener algo de interés.

La fotografía está en camino. Heinrich Scheu quiere hacerme un grabado en madera, razón por la cual he tenido que plantarme otra vez hace poco delante del objetivo. De las siete tomas, una saldrá probablemente bien.

Confío en que su esposa, cuando reciba usted ésta, se haya repuesto del todo, y usted también.

No puedo contarle nada acerca de la edición americana de *El Capital*, pues no la he visto nunca y no sé lo que contiene. Que esa gente de ahí pueda piratear nuestras cosas, ya lo sabemos. El que lo hagan demuestra que es una buena especulación, y es gratificante, aunque perjudique a los herederos. Pero era algo con lo que había que contar desde el momento en que las ventas cobraron proporciones considerables en aquel país.

A estas alturas ya habrá recibido usted la cuarta edición.

Habrá leído usted el artículo de Marx en la *Neue Zeit*. Al principio suscitó gran cólera en los poderes socialistas establecidos de Alemania, pero ahora parece que se van calmando un poco. En el partido mismo, en cambio, hubo gran regocijo, salvo entre los viejos lassalleanos. El corresponsal en Berlín del *Arbeiter-Zeitung* de Viena, que recibirá usted por el próximo correo, me da incluso las gracias por el servicio que he prestado al partido (creo que es Adolf Braun, cuñado de Victor Adler y redactor adjunto de Liebknecht en el *Vorwärts*). Liebknecht, por supuesto, está furioso, ya que toda la crítica apuntaba concretamente contra él, y él fue el progenitor, junto con ese canalla de Hasselmann, del pútrido programa. Comprendo el desconcierto inicial de esos muchachos, que hasta ahora venían insistiendo en que los «camaradas» debían dirigirse a ellos con la máxima delicadeza, al verse tratados así *sans façon* y ver su programa desenmascarado como pura basura. Según me cuenta K. Kautsky, que se ha portado con mucho valor en todo este asunto, el grupo parlamentario piensa emitir un edicto en el sentido de que la publicación se hizo sin su conocimiento y de que la deploran. Allá ellos con esa satisfacción. Sin embargo, puede que la cosa no llegue a nada si el partido manifiesta cada vez más su asentimiento y se comprueba que todo ese alboroto sobre «poner un arma contra nosotros mismos en manos de nuestros enemigos» carece de fundamento.

Mientras tanto, esos señores me hacen el vacío, lo cual me viene muy bien porque me ahorra un buen montón de tiempo. Aunque no es probable que dure mucho.

Tras la muerte de Bradlaugh, invitaron a Aveling a presentarse por Northampton, y nada menos que la sección local de la *Social Democratic Federation*, es decir, nominalmente, los de Hyndman. A consecuencia del salto adelante que ha dado el movimiento en general en los últimos dieciocho meses, la Federación ha ganado muchos adeptos. Esta gente se alegra de dejar la política exterior (intrigas con los posibilistas, etc.), que cae por completo fuera de su horizonte, en manos de Hyndman y Cía., pero desconocen por entero las anteriores intrigas y manejos de dichos señores en casa, y ciertamente negarían toda responsabilidad por los mismos; de hecho, es únicamente porque Hyndman y Cía. han venido, desde entonces, eludiendo bastante diestramente el ataque en casa por lo que han ganado los susodichos adeptos. De ahí la iniciativa de los de Northampton, que alarmó seriamente a Hyndman, tanto más cuanto que la sección informó de inmediato al Consejo Ejecutivo de lo que había hecho. Hubo ciertos manejos, pero en vano. Aveling fue allá y tuvo una recepción brillante, pero faltaban apenas cuatro días para la fecha de nominación y había que depositar 100 libras para gastos electorales. Veinte obreros se comprometieron a poner 5 libras cada uno, y apareció un hombre que se ofrecía a adelantar el dinero contra esa garantía. Pero, examinado más de cerca, ese hombre resultó ser uno de los principales agentes de los conservadores, ante lo cual Aveling rechazó el dinero con una apropiada muestra de santa indignación y se retiró. Esto debió de ser doblemente enojoso para Hyndman, por cuanto, hace cinco años, él y Champion aceptaron 250 o 350 libras de los *tories* para fines electorales. En todo caso, Aveling es ahora el candidato obrero por Northampton y tiene buenas posibilidades de obtener un número creciente de votos. En esta ocasión habría sacado entre novecientos y mil.

El joven que le recomendé ya habrá ido a verle. Los Romm, dicho sea de paso, lo conocen personalmente; cosa que yo ignoraba en aquel momento.

Los franceses están muy enfadados porque este año los alemanes se proponen celebrar el Primero de Mayo el 3 de mayo y no el 1. Son todo pamplinas; celebrando el 1 de mayo el año pasado, los muchachos de Hamburgo se metieron en un lock-out (que es lo que anhelan los fabricantes al no haber contratos); aquello costó a los obreros de allí 100.000 marcos —sin contar las contribuciones externas—, quebró la espalda de sus trade unions, que eran las mejor organizadas, y las dejó paralizadas por mucho tiempo. En Alemania hay hoy sobreproducción crónica en todas las ramas de la industria, y puesto que una celebración general en toda Alemania no podría realizarse el 1.º de mayo sin ruptura de contratos y provocaría por tanto un lock-out general, consumiría todos nuestros fondos, desmantelaría todas nuestras trade unions y engendraría desaliento en vez de entusiasmo, sería una locura. Sin embargo, en el Congreso de París los nuestros mostraron tal entusiasmo por el 1.º de mayo que esto parece ahora una retirada. Y, una vez más, la proclama del grupo parlamentario es un asunto deplorablemente flojo.

Aquí en Inglaterra, el día se decidirá el próximo domingo. Conscientes del error que cometieron el año pasado, Hyndman y Cía. están empeñados en ponerse de algún modo en primer plano en esta ocasión, y el 1.º de mayo contará con muchos partidarios. Pero como los capitalistas en este país siempre están ávidos de aprovechar cualquier pretexto para desbaratar las dos trade unions más odiadas —los Dockers y, particularmente, la que lleva Tussy, los Gasworkers and General Labourers—, Tussy va a hacer todo lo que pueda para no darles el pretexto de la ruptura de contratos y propondrá el 3 de mayo, por ser domingo. Los Gasworkers son ahora la organización más poderosa de Irlanda y, en las próximas elecciones, se proponen presentar sus propios candidatos, sin importarles Parnell ni M’Carthy. La amabilidad demostrativa de Parnell hacia los obreros es el resultado de una reunión que sostuvo con esos mismos Gasworkers, quienes no vacilaron en decirle unas cuantas verdades. Incluso Michael Davitt, que solía reclamar trade unions irlandesas independientes, sabe ahora algo mejor: la constitución de que se han dotado les permite el *Home Rule* sin ataduras. A ellos corresponde el mérito de haber puesto en marcha, por vez primera, el movimiento obrero en Irlanda. Muchas de sus secciones están compuestas por obreros agrícolas.

Los más cordiales saludos a su esposa.

Suyo,
F. E.