Londres, 31 de enero de 1891

Mi querido Lafargue:

Como las nueve décimas partes de las noticias que se publican en París acerca de Alemania, la información que tanto le ha alarmado no es más que un bulo.

El comité director del partido alemán no se ha movido en lo tocante al 1.º de mayo. El grupo parlamentario (los diputados socialistas del Reichstag) ha resuelto (con un solo voto en contra) que en Alemania (pero no en otros países) sería deseable celebrar las manifestaciones el domingo 3 de mayo y no el 1.º de mayo. Esto es todo. Como los Estatutos del Partido no confieren al «grupo» ninguna función oficial, se trata simplemente de la expresión de un deseo que, sin embargo, tendrá probablemente una aprobación general.

En cuanto a la idea de sugerir a las otras nacionalidades que modifiquen de manera análoga la fecha de la manifestación, nuestros periódicos no dicen ni una palabra. Sin embargo, cabe la posibilidad de que, individualmente, uno u otro de los diputados haya pensado en ello. Como Bebel está en Zúrich con motivo de la boda de su hija, escribiré a Fischer para que ponga fin a este despropósito, si es que alguien lo está contemplando.

Usted y Bonnier, cuya larga carta sobre el tema llevo en el bolsillo, pueden decir lo que quieran. Lo probable es que los ingleses hagan lo mismo que los alemanes y celebren sus manifestaciones en domingo. En cuanto a los alemanes, se ven prácticamente obligados a actuar así. El año pasado consideró usted «débil» su conducta. Pues bien: en Hamburgo, la ciudad donde estamos mejor organizados y donde contamos con más fuerza en relación con el resto de la población, y donde disponemos de las finanzas más sólidas (tanto en el partido como en los sindicatos), en Hamburgo suelen celebrar el 1.º de mayo en las propias narices de los patronos. Pero como andaban mal los negocios, éstos aprovecharon el cese de un día para cerrar los talleres y declarar que sólo volverían a abrirlos para aquellos obreros que abandonasen sus sindicatos y prometiesen no sindicarse en el futuro. La lucha se prolongó durante todo el verano y hasta el otoño. Al final los patronos abandonaron sus exigencias; sin embargo, nuestra organización sindical de Hamburgo ha quedado muy sacudida, las arcas se han vaciado, como en otros sitios, a consecuencia de los fondos desembolsados para los lockouts, y nadie tiene el menor deseo de repetir la actuación en la próxima primavera, pues las condiciones en la industria han empeorado todavía más.

¡Está muy bien que usted hable de irresolución y debilidad! Ustedes viven en una república y los republicanos burgueses, para derrotar a los monárquicos, se han visto obligados a concederles los derechos políticos de los que nosotros, en Alemania, estamos muy lejos de disfrutar. Por lo demás, divididos como han estado hasta ahora, con los broussistas a remolque del gobierno, no son ustedes especialmente peligrosos; al contrario, a Constans le gusta verles «manifestarse» y meter miedo a los radicales. En Alemania, los nuestros constituyen una fuerza real: alrededor de un millón y medio a dos millones de electores, el único partido disciplinado y en crecimiento. Si el gobierno quiere que los socialistas hagan manifestaciones, es porque quiere arrastrarlos a un motín para aplastarlos y acabar con ellos para los próximos diez años. Para los socialistas alemanes, la mejor forma de manifestación es su propia existencia y su avance lento, firme e ineluctable. Estamos aún muy lejos de poder sostener una lucha abierta, y es nuestro deber, ante toda Europa y América, no sufrir una derrota sino, cuando llegue el momento, salir victoriosos de la primera gran batalla. A esta consideración subordino todas las demás.

Huelga decir que sería muy hermoso ver a todos los obreros socialistas de ambos mundos abstenerse de trabajar el mismo día, el 1.º de mayo. Pero no sería una abstención simultánea y uniforme. Ustedes, en París, se abstendrían, digamos, desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la tarde; cuando los neoyorquinos empezaran a las 8, en París sería la 1 de la tarde, y los californianos empezarían 3 horas más tarde. El año pasado la manifestación no perdió nada por escalonarse en 2 días, y este año perdería aún menos. Los austríacos se hallan en una situación por completo diferente; las dificultades para la agitación y la organización regulares han sido tales que el cese de un día es su único medio de manifestarse, procedimiento admirablemente desarrollado por Adler.

Así que consuélense. El movimiento no va a sufrir por esta falta de «unidad»; y una unidad tan puramente formal no vale el precio que tendríamos que pagar por ella en Alemania, y acaso también en Inglaterra.

Su conducta hacia los anti-broussistas me parece intachable. Hacer un pacto de cooperación práctica, dejando de lado por el momento todo intento de fusión, confiando en el paso del tiempo y, en última instancia, en el Congreso Internacional: no podría haber mejor manera de explotar la situación en que se encuentran. Es lo que Marx le sugirió a Liebknecht en la época de la fusión con los lassalleanos, pero nuestro amigo tenía demasiada prisa.

Guesde le ha jugado una hermosa pasada en sus artículos para el Vorwärts. Liebknecht siempre ha defendido la república burguesa para fastidiar a los prusianos; en su opinión, Constans, Rouvier, etc., eran prácticamente intachables. ¡Y de pronto aparece Guesde deshaciendo esa ilusión! Encantador y también bueno para Alemania.

Déle un beso a Laura de mi parte. Mi enhorabuena al doctor Z. por el artículo sobre el asunto de Tolón. Louise se lo agradece particularmente. Guarda felices recuerdos de usted y de Laura.

Siempre suyo,
F. E.