EN LE PERREUX

Hotel Bellevue, Folkestone, 27 de agosto de 1890

Mi querido Lafargue:

Sí, estamos en la costa y, además, hasta que me llegó tu carta del 4 del corriente, nadie me había sugerido que fuera a Le Perreux, lo cual, por cierto, habría hecho con mucho gusto de no mediar las razones perfectamente válidas que mencioné a Laura y que ella, al parecer, encontró aceptables en su momento. Llevamos aquí una quincena en una pequeña casa rústica; la patrona, una mujer muy guapa, nos atiende muy bien, pero el lugar está lejos del mar y no es de primera clase. Tenemos la cuarta cama en el salón.

Como tengo cierta incertidumbre sobre mi saldo en el banco, al no poder cotejar mis libros, solo puedo enviarte un cheque de diez libras, que adjunto.

Ha habido una revuelta de estudiantes en el partido alemán.¹² Durante 2 o 3 años, una multitud de estudiantes, literatos y otros jóvenes burgueses desclasados invadió el partido, llegando justo a tiempo para ocupar la mayoría de los puestos de redacción en los nuevos periódicos que proliferaban entonces. A su manera habitual, consideraban sus universidades burguesas como una especie de Saint-Cyr ¹³ socialista que les daba derecho a ingresar en el partido con rango de oficial, por no
* Véase este volumen, pág. 5.
decir de general. Todos estos señoritos chapotean en el marxismo, aunque del tipo que tú conociste en Francia hace diez años y del que Marx decía: «Todo lo que sé es que yo no soy marxista». Y sin duda diría de ellos lo que Heine decía de sus imitadores: «Sembré dragones y recogí pulgas».

Esos personajes, cuya impotencia solo es igualada por su arrogancia, encontraron apoyo en los nuevos reclutas del partido en Berlín —un peculiar berlinismo, que combina impudencia, cobardía, baladronadas y don de la labia, parece haber aflorado temporalmente—. Los jóvenes universitarios tenían ahora un coro.

Atacaron a los diputados sin motivo alguno y nadie podía explicarse aquel recrudecimiento repentino. La verdad es que los diputados, o la mayoría de ellos, no hicieron suficiente caso a los insignificantes desgraciados. Ciertamente, Liebknecht llevó la polémica en nombre de los diputados y del Comité Central con una rara falta de finura. Pero entonces apareció Bebel, su blanco principal, quien, en dos reuniones en Dresde y Magdeburgo, procedió a demoler dos de sus periódicos.¹⁴ La reunión de Berlín fue custodiada por la policía, que azuzó subrepticiamente a la oposición o hizo que otros lo hicieran.¹⁵ Pero de todos modos aquello ya ha terminado y es poco probable que el congreso ¹⁶ tenga que ocuparse más del asunto. Esta pequeña maniobra nos ha hecho bien, pues ha demostrado la imposibilidad de asignar a los berlineses un papel dirigente. Tal vez habría estado bien si hubieran sido parisinos… pero ya hemos tenido bastante y más que bastante con vuestros parisinos.

Las revelaciones sobre Boulanger en Le Figaro ¹⁷ deben de ser asombrosas. ¿Podrías enviármelas? Es triste para los 247.000 o, mejor dicho, 274.000 necios que en enero de 1889 se dejaron embaucar por ese falso figurón.¹⁸

En el libro de Kovalevsky ¹⁹ hay un pasaje importante en el que sitúa, entre el matriarcado y la comunidad de la marca (o mir ²⁰), al grupo familiar patriarcal del tipo que existió en Francia (Franco Condado y Nivernais) hasta 1789 y que todavía hoy existe entre serbios y búlgaros bajo el nombre de zádruga. Me dice que en Rusia esta es la opinión generalmente aceptada. Si la cosa se confirmara, aclararía una serie de dificultades en Tácito y otros, al tiempo que suscitaría otras nuevas. El principal defecto del libro de Kovalevsky reside en la ilusión de la juridicidad. De esto me ocuparé en la nueva edición de mi libro.* Otro defecto (nada infrecuente entre los rusos que se meten a científicos) es una fe exagerada en las autoridades reconocidas.

Nim y Pumps os envían saludos.

Dale un beso a Laura y a Mémé de mi parte.

Siempre tuyo,

F. E.

* Véase este volumen, pág. 5.
¹⁴ Del grupo socialdemócrata en el Reichstag alemán: Sächsische Arbeiter-Zeitung y Volksstimme.
¹⁹ M. Kovalevsky, Tableau des origines et de l’évolution de la famille et de la propriété.
²⁰ Comunidad rural en Rusia (mir).