Mi querido Schumacher:

Puesto que ahora estarás en casa, aprovecho la oportunidad para pedirte que transmitas mi más cálido agradecimiento a mis amigos de Solingen por el hermoso regalo que me hicieron con motivo de mi 70 cumpleaños. Pero al mismo tiempo, deseo agradecerte también a ti tu contribución al magnífico regalo del grupo parlamentario*.

De niño, siempre que veía un cuchillo como éste, lo contemplaba con admiración y envidiaba al dueño de una herramienta tan adecuada para toda clase de usos. Ahora, en mi vejez, ha llegado a mi posesión uno igual, y por añadidura de tal manera, y con una inscripción tan honorable.

Como sabes, desde 1849 mi vinculación con Solingen ha sido de un tipo muy especial, desde el momento, es decir, en que, junto con los voluntarios de Solingen, marché a Elberfeld, donde, enfrentado a una milicia cívica reaccionaria, a elberfeldenses desorganizados y a un comité de seguridad sumamente reaccionario, no habría podido salir indemne durante tres días de no haber sido por los solingenses, quienes, casi los únicos entre los participantes, representaban el elemento revolucionario.⁵ Y, como tengo sumo interés en que esos lazos que me unen a Solingen no se debiliten ni se rompan, constituye un placer muy especial constatar que también en Solingen se me sigue recordando.

Con un cordial saludo para ti y para todos los miembros del partido, de tu viejo amigo,

F. Engels