122 Regent’s Park Road, N.W.  

Mi querido amigo Lavrov:  

Muchísimas gracias por su amable carta del 27 de noviembre y por sus felicitaciones, así como por las de sus compatriotas socialistas en cuyo nombre habla usted. Pero siempre ocurre lo mismo. La parte del león de los honores que se me prodigaron el viernes pasado no me corresponde por derecho y nadie lo sabe mejor que yo. Permítame, pues, depositar sobre la tumba de Marx la parte del león de las cosas halagüeñas que usted ha tenido la bondad de decirme y que yo acepto, pero sólo como su continuador. Y en cuanto a la pequeña porción que, sin ser presuntuoso, acepto por mi propia cuenta, haré cuanto pueda para mostrarme digno de ella.  

Después de todo, no somos tan viejos, usted y yo. Y tenemos esperanzas de vivir y de ver. Hemos visto el ascenso, el apogeo y la decadencia de Bismarck; ¿por qué no habríamos de ver también, tras su apogeo, la decadencia (ya en marcha) y la caída definitiva del zarismo ruso, el gran enemigo de todos nosotros?  

Suyo afectísimo,  
F. Engels