EN LE PERREUX  
Londres, 16 de abril de 1890  

Mi querida Laura:  

¡Por fin! una hora libre para escribiros unas líneas. Me acosan casi hasta la muerte con cartas, peticiones verbales y de todo tipo, y desearía poder encerrarme durante un mes más o menos —pues me resulta imposible contestar a todas mis cartas, y mucho menos hacer algún trabajo serio.  

Muchas gracias por los amables deseos de tu poema, pero me temo que el Señor de las alturas y el señor de abajo ajustarán un día mis cuentas y me buscarán un puesto en alguna parte. Pero eso no debe preocuparnos ahora.  

Y ahora un pequeño asunto:  

1) ¿Me das la dirección de Longuet?  

2) ¿Podría Paul procurarme el título, nombre del editor, etc., de una edición de bolsillo (barata) del Code Napoléon tal como está actualmente en vigor, para Sam Moore? (les cing codes suffiront, civil, procédure civile, pénal, procédure criminelle, de commerce*) y precio.  

3) Adjunto una factura encontrada en el último lote de periódicos franceses.  

Los obreros parisinos actúan de hecho como si no tuvieran más propósito en la vida que demostrar cuán inmerecida era su reputación revolucionaria. Está muy bien que Paul repita una y otra vez que son boulangistas por pura oposición a la burguesía —pero también lo eran los que votaron por Luis Bonaparte, y ¿qué dirían nuestros parisinos si los obreros alemanes, por fastidiar a Bismarck y a la burguesía, se arrojaran ciegamente en brazos del joven Guillermo? Es evidentemente tirar piedras contra el propio tejado, y los parisinos conservan aún tanto de su antiguo esprit que todavía pueden respaldar la peor de todas las causas posibles con la mejor de todas las razones posibles.  

No, la causa de este hartazgo de boulangismo es más profunda. Es el chovinismo. Los chovinistas franceses, después de 1871, resolvieron que la historia debía detenerse hasta que Alsacia fuera reconquistada. Todo se subordinó a eso. Y nuestros amigos nunca tuvieron el valor de oponerse a este absurdo. Había individuos en el Citoyen y en el Cri* que aullaban con las masas contra todo lo alemán, sin importar qué, y nuestros amigos se sometieron a ello. Las consecuencias están ahí. La única excusa para el boulangismo es la revanche, Alsacia reconquistada. Lo que nunca se atrevió a combatir ningún partido en París, ¿es de extrañar que los obreros parisinos se aferren ahora a ello como un evangelio?  

Pero a pesar de los patriotas franceses, la historia no se detuvo —sólo Francia lo hizo, después de la caída de MacMahon. Y la consecuencia necesaria de esta aberración patriótica francesa es que los obreros franceses son ahora los aliados del Zar, no sólo contra Alemania, ¡sino también contra los obreros y revolucionarios rusos! Para conservar a París la posición de centro revolucionario, la revolución debe ser aplastada en Rusia, pues ¿cómo reconquistar, sin la ayuda del Zar, la posición dirigente que pertenece a París por derecho propio?  

Si la deserción en masa hacia Boulanger de los obreros franceses, o más bien parisinos, llevara a los socialistas del extranjero a considerarlos como completamente déchus, no habría motivo de asombro. ¿Qué otra cosa pueden esperar?  

Por supuesto, no debería precipitarme en mi juicio. Esta aberración momentánea no debería llevarme a tal conclusión. Pero es la tercera vez que tal aberración se repite desde 1789: la primera vez Napoleón N° I, la segunda vez Napoleón N° 3 fue llevado a la cima por esa ola de aberración, y ahora es una criatura peor que cualquiera de los dos —pero afortunadamente la fuerza de la ola también está quebrada. De todos modos, al parecer debemos llegar a la conclusión de que el lado negativo del carácter revolucionario parisino —el bonapartismo chovinista— es tan esencial a él como el lado positivo, y que después de cada gran esfuerzo revolucionario, es posible que tengamos una recrudescencia del bonapartismo, de un llamamiento a un salvador que ha de destruir a los viles burgueses qui ont escamoté la révolution et la république y en cuyas trampas han caído los naifs ouvriers —porque, siendo parisinos, lo saben todo desde el nacimiento y por nacimiento, y no necesitan aprender como los vulgares mortales.  

Así pues, acogeré con agrado cualquier arranque revolucionario que los parisinos tengan a bien brindarnos, pero esperaré que después vuelvan a ser volés y corran entonces a un salvador obrador de milagros. Para la acción, espero y confío en que los parisinos sean tan capaces como siempre, pero si pretenden dirigir en lo que a ideas se refiere, diré: gracias.  

Por cierto, Boulanger está tan hundido ya que el otro día Frank Rosher, que estaba en Jersey por negocios —un muchacho de 22 años, y el mequetrefe más engreído de Londres— lo visitó y fue recibido cortésmente, y ambos se aseguraron mutuamente su mutua bienveillance et protection.  

Espero que el 1 de mayo no defraude las expectativas de nuestros amigos franceses. Si resulta un éxito en París, será un duro golpe para los posibilistas y puede marcar el comienzo de un despertar del boulangismo. La resolución del 1 de mayo fue la mejor que tomó nuestro congreso. Demuestra nuestro poder en todo el mundo, es un mejor renacimiento de la Internacional que todos los intentos formales de reorganización, y muestra de nuevo cuál de los dos congresos era representativo.  

Me temo que no podré llevarme uno de tus dos perros. El uno es una perra y Nim se opone firmemente a tener que volver a hacer la matanza de los inocentes, y el otro es un pointer, id est un perro de caza, y aquí hay leyes de lo más absurdas al respecto —no podría sacarlo a Hampstead sin que la policía me detuviera como posible cazador furtivo; esa es la razón por la que los pointers, fox-hounds, setters, etc., se tienen sólo para fines cinegéticos reales y nunca, como entre nosotros en el continente, para recreo privado. Voilà ce que c’est que de vivre dans un pays aristocratique.  

En Alemania tendremos que mantener el 1 de mayo lo más tranquilo posible. Los militares tienen órdenes estrictas de intervenir de inmediato y no esperar la requisición de las autoridades civiles, y la policía secreta —a punto de ser licenciada— está haciendo todos los esfuerzos para provocar un choque. De hecho, si los telegramas que acaban de llegar por Reuter valen algo, ya están empezando y han encontrado a unos cuantos anarquistas para provocar algunos “ultrajes”.  

Nim dice que no puede venir, que sus días de jardinería han terminado. Tiene reumatismo en la articulación de la cadera —no mucho, pero ahí se le ha quedado.  

Por cierto, nuestros amigos de París parecen ir todos a la deriva. Ahí está el Parti socialiste —un periódico para trabajar las elecciones municipales, lo que puedo concebir como un propósito racional. Pero luego está la Autonomie de Okecki, y luego un diario, el Combat en manos de Boyer, y ahora Guesde quiere organizar una correspondencia litográfica —vaya, esto parece un intento de gaspillage— todos claman por un diario y ahora que tienen uno no parecen usarlo —¿o es que están todos a la greña? No lo entiendo.  

Siempre vuestro,  

F. Engels