Querido Schlüter:

Mis más cálidas gracias por los buenos deseos tuyos y de tu esposa, cordialmente correspondidos por todos nosotros aquí. Recibí también tu carta del 1 de julio, poco después de esa fecha, así como el Commonwealth con Marx convertido en un árbol gigantesco y, a su alrededor, los habitantes de la nueva Jerusalén comunista. Y el artículo sobre G. Weerth, pero desgraciadamente sólo el núm. 1 y no la parte final.

En cuanto a Reid, he enviado tu carta a Tussy y le he pedido que haga averiguaciones por medio de Champion (Labour Elector), pero hasta ahora no he tenido respuesta. Estos muchachos son terriblemente morosos en todo aquello que no les concierne de modo inmediato y están, además, sumamente ocupados; quizá Tussy tenga algo que comunicarme mañana, en cuyo caso te lo haré saber en el próximo correo.

Por lo que respecta al viaje de John Burns a América, me parece muy problemático; en realidad no puede abandonar este país sin dejar el campo libre a sus rivales, y tiene además que estar presente en el Consejo del Condado, ya que es el único representante obrero en él.

El vertiginoso avance del movimiento el verano pasado se ha amortiguado un poco. Y, lo que es mejor, la simpatía irreflexiva de la canalla burguesa por el movimiento obrero, manifestada durante la huelga de los estibadores, también ha remitido y empieza a dejar paso a un sentimiento mucho más natural de desconfianza y ansiedad. Durante la huelga del gas en el sur de Londres, que la Compañía del Gas impuso a los trabajadores por la fuerza, éstos han vuelto a ser abandonados por completo a su suerte por los filisteos. Esto es excelente, y sólo espero que algún día el propio Burns se encuentre con una experiencia similar en una huelga dirigida por él, pues a este respecto se hace toda clase de ilusiones.

A ello se suma, como era de esperar, toda suerte de fricciones, p. ej., entre los trabajadores del gas y los estibadores. Pero a pesar de todo, las masas están en plena crecida y no hay manera de contenerlas. Cuanto más tiempo se represe la marea, tanto más violenta será la irrupción cuando llegue. Y estos hombres sin cualificación son una proposición muy distinta de los puntillosos de los viejos sindicatos de oficio; ni rastro del viejo espíritu formalista, de la estrecha mentalidad gremial de, digamos, los ingenieros; al contrario, un llamamiento general a la organización de todos los sindicatos en una sola hermandad y a una lucha abierta con el capital. Durante la huelga de los estibadores, por ejemplo, había tres ingenieros en los muelles comerciales que mantenían en marcha la máquina de vapor. Se pidió a Burns y a Mann —ambos son ingenieros y Burns forma parte de la Ejecutiva del Sindicato Amalgamado de Ingenieros— que indujeran a esos hombres a abandonar el trabajo, pues en tal caso las grúas no podrían funcionar y la Compañía de los Muelles se vería obligada a ceder. Los tres ingenieros se negaron, y la Ejecutiva de los ingenieros tampoco intervino: ¡de ahí la larga duración de la huelga! Otro caso: en la Fábrica de Caucho de Silvertown —12 semanas de huelga—, la huelga fracasó por culpa de los ingenieros, que no se sumaron a ella e incluso hicieron trabajo de peones, contraviniendo las reglas de su propio sindicato. ¿Y por qué? Para “limitar la oferta de trabajadores”, esos idiotas tienen una regla según la cual sólo se admite en su UNIÓN a quienes han cumplido un aprendizaje formal. De este modo han creado una multitud de competidores conocidos como esquirolas, no menos cualificados que ellos mismos, que quisieran afiliarse al sindicato pero se ven forzados a permanecer como esquirolas por culpa de esta regulación pedante, que hoy ha perdido todo sentido. Y como sabían que, tanto en los muelles comerciales como en Silvertown, serían inmediatamente sustituidos por esos esquirolas, permanecieron donde estaban, convirtiéndose así ellos mismos en esquirolas frente a los huelguistas. Ahí puedes ver la diferencia: los nuevos sindicatos se mantienen unidos —durante la actual huelga del gas, los marineros y fogoneros (de vapores), lancheros, carreteros del carbón, etc., están todos hombro con hombro, pero también aquí los ingenieros, huelga decirlo, siguen trabajando.

Sin embargo, los viejos sindicatos de oficio, los grandes y engreídos, pronto serán puestos en su sitio; su principal sostén, el Consejo de Oficios de Londres, está siendo gradualmente superado por los nuevos sindicatos y, en dos o tres años a lo sumo, el propio Congreso de Sindicatos se habrá revolucionado. Ya en el próximo, vuestros Broadhursts se van a llevar el susto de su vida.

Lo principal de vuestra revolución en la taza de té socialista americana es que habéis liquidado a Rosenberg y Cía. Como tal, el partido alemán allí tiene que desaparecer; está resultando el peor obstáculo. Los trabajadores americanos ya irán llegando por sí solos, pero, al igual que los ingleses, seguirán su propio camino. No se les puede meter la teoría a golpes antes de que llegue el momento, pero pronto darán con ella a consecuencia de su propia experiencia, sus propios errores y las indeseables consecuencias que de éstos se derivan... y entonces todo irá bien. Los pueblos independientes siguen su propio camino, y los ingleses y sus vástagos son los más independientes de todos. Su insular y testaruda inflexibilidad puede a menudo ser irritante, pero también garantiza que, una vez que se ponen en marcha, terminarán lo que han empezado.

Gozo de bastante buena salud y mi vista ha mejorado por fin, pero no me está permitido escribir más de tres horas al día (con luz natural). Nim también está bien. En la casa de los Rosher, primero Percy y luego Pumps han caído enfermos. Aveling ha cogido la gripe. En Kentish Town las cosas siguen más o menos como de costumbre, con el inevitable acompañamiento de diatribas desde Alemania. Los Ede se han instalado muy bien. Lo mismo los Fischer.

Dile a Sorge que recibirá carta uno de estos días, pero, habiendo esperado tanto, tú eras el primero en la lista. Cordiales saludos para tu esposa y para ti de Nim y de

Tu
F. Engels