Londres, 1 de mayo de 1889  

Mi querido Lafargue:  
Desde mi carta de ayer,⁴ Bernstein ha recibido de Liebknecht lo siguiente:  

«En las actuales circunstancias, el congreso solo puede salvarse si los franceses actúan de manera que presenten un fait accompli; deben, pues, convocar el congreso —visto que la resolución belga⁵ ha hecho imposible la acción combinada de los miembros de la conferencia de La Haya⁵— y sin el asentimiento de los alemanes, austríacos, suizos (daneses, etc.), que, a estas alturas, no se puede obtener de antemano.  

»Es esencial que el congreso sea convocado para exactamente el mismo día que el de los posibilistas (14 de julio) y estrictamente de acuerdo con el procedimiento establecido en La Haya, manifestando expresamente que la fecha del 14 de julio no se ha elegido con ánimo de competir con el otro congreso, sino con la firme esperanza de que los sentimientos de solidaridad obliguen a que ambos congresos celebren sus sesiones conjuntamente.»  

Esto sería una tontería; también nosotros prevemos ese resultado, pero decirlo sería hacerle el juego a los posibilistas, que impondrían entonces sus propias condiciones. Pudierais, tal vez, decir que los dos congresos, celebrando sesiones paralelas, podrían resolver por sí mismos todas sus diferencias.  

«Al mismo tiempo, naturalmente, convendría hacer una breve exposición de la situación, que abarcase los acontecimientos recientes (los congresos de Troyes⁶ y Burdeos,⁷ las negociaciones para lograr una fusión, la conferencia, etc.) — pero omitiendo toda polémica contra los posibilistas.  

»Debería añadirse también: Pedimos a los grupos obreros y socialistas de otros países que manifiesten su conformidad con nuestra convocatoria estampando sus firmas, ya que no hubo tiempo de obtener esa conformidad de antemano.  

»Si no hay un fait accompli, no habrá congreso; la votación belga ha devuelto a nuestros amigos franceses la libertad de acción. Una vez se vean ante un fait accompli, la gente acudirá al congreso.»  

Ahí tenéis; así es Liebknecht de pies a cabeza. Es capaz de una determinación heroica, pero solo después de haber enturbiado la cuestión de tal modo que no quede otro remedio.  

Por lo demás, estoy de acuerdo con lo que dice, salvo en lo que he señalado más arriba. Al redactar vuestra Convocatoria no podéis andaros con demasiados remilgos, lo cual no quiere decir que no podáis decir que la razón de ser de vuestro congreso reside en la negativa de los posibilistas a reconocer la plena y absoluta soberanía de este.  

Después de la carta de Liebknecht, no tenéis motivo alguno para vacilar. Así que haced algo: celebrad vuestros congresos nacionales y, si podéis, procurad que todos los delegados que asistan a ellos acudan luego al congreso internacional que de ellos ha de salir.  

En cuanto salga vuestra circular⁸, empezaremos a hacer agitación, primero a favor de vuestro congreso y, después, para asegurarnos de que a los delegados a quienes no podamos impedir que asistan al congreso posibilista —belgas, etc.— se les diga que han de insistir en la fusión de los dos congresos.  

Pero ahora que tenéis las manos libres, no vaciléis, no perdáis un momento; si vuestra circular nos llega el lunes, o incluso el martes por la mañana, irá en el Sozialdemokrat y se anunciará en el Labour Elector. En cuanto esté fijada la fecha de vuestro congreso, tal vez haya algo más que hacer por aquí, aunque la deshonrosa actuación de los belgas nos ha causado un daño incalculable.  

Siempre tuyo,  
F. E.