EN LE PERREUX  

Londres, 1 de abril (día de San Bismarck) 1889  

Mi querido Lafargue:  

Si este asunto del congreso no ha servido para otra cosa, al menos me ha dado una lección capital de paciencia, virtud en la que difícilmente podría decirse que sobresalgo. Apenas logramos eliminar una dificultad cuando tú conjuras otra y te enfureces sin motivo alguno. He interrogado nuevamente a Bernstein, en cuya palabra tengo plena fe, y él me ha asegurado de nuevo que no se tomó resolución alguna a escondidas en tu ausencia. Es ridículo suponer que intentaran ocultarte algo. Si tú llegaste a estar ausente, Bonnier estaba allí y podía, además, entender todo lo que se decía en alemán. Y a menos que oiga algo en contrario, debo suponer que estaba suficientemente al tanto como para transmitirte la información; si no, ¿qué demonios hacía allí? Sobre todo porque en más de una ocasión te he llamado la atención sobre el hecho de que Bonnier estaba, o debiera haber estado, excepcionalmente bien informado, y tú nunca me has respondido a esto, ni mucho menos lo has contradicho.  

¿Y cuál será el resultado de estas rencillas con los alemanes, sino impedir toda suerte de congreso y permitir a los señores Brousse y Cía. hacer alarde de su victoria ante los ojos de todo el mundo y de su mujer?  

Que los alemanes no deseen exponerse a una trifulca a puñetazos con los posibilistas, ayudados e incitados como estarían por la policía, ni a que les rompan la cabeza, por prusianos y bismarckianos, la chusma de París —valerosa como en todas las grandes ciudades cuando la proporción es de diez contra uno— lo comprendo perfectamente. Sabemos, por nuestra experiencia en los tiempos lassalleanos, cuán poco provechosa puede ser la lucha cuerpo a cuerpo con un partido rival cuando ese partido está aliado con el gobierno y la policía —y eso en nuestro propio terreno. Desde luego no puedes reprocharles que vacilen en emprender una lucha similar en un terreno donde el solo grito de «prusiano», de «agente de Bismarck», bastaría para levantar contra ellos a una turba ignorante, ávida de demostrar su patriotismo a bajo coste para sí misma. Y aunque personalmente creo que el impacto del congreso sería mucho mayor en julio que en cualquier otro momento, no tengo derecho a decirles a Liebknecht o a Bebel que no estarían expuestos a tales riesgos si aceptaran tu plan.  

Así que ya ves que en ninguna circunstancia es factible tu congreso de julio. Cuanto más insistas, menos conseguirás. Tienes a la mayoría en contra y, si quieres cooperar con ella, tendrás que someterte. Exígelo todo y no obtendrás nada; quien todo lo quiere, todo lo pierde. Debes recordar que, aunque los alemanes, los holandeses y los daneses pueden arreglárselas muy bien sin un congreso, tú no. Para ti, el congreso es esencial si no quieres desaparecer durante años de la escena internacional.  

¡Si al menos tuvieras un pequeño periódico, como señal de tu existencia! El partido más diminuto en otros países tiene su semanario, y vosotros no tenéis nada con qué hacer sentir vuestra presencia ni manteneros en contacto regular con los demás. Para vosotros, o era un diario o nada en absoluto. ¿Vais a cometer el mismo error con el congreso? ¿O todo o nada? Muy bien, entonces será nada, y nadie volverá a aludir a vosotros, y, dentro de seis meses, Boulanger hará el resto y os extinguirá, a ti y a los posibilistas por igual.  

Que yo sepa, Antoine nunca hizo nada en el Reichstag salvo protestar. Desde su propio punto de vista no podía hacer otra cosa.  

Los radicales están locos. Es el colmo de la estupidez intentar destruir a Boulanger mediante un proceso judicial y suponer que la marea del sufragio universal (por necio que éste sea) será desviada por un veredicto político. Lo tendréis de todos modos, al bueno de Boulanger que tanto ansiáis, y los socialistas serán sus primeras víctimas. Pues un primer cónsul ha de ser imparcial y, por cada vez que sangre a la Bolsa, pondrá otra traba al proletariado, aunque solo sea para igualar las cosas. De no ser por la guerra, este nuevo desarrollo sería un chiste mayúsculo, acabaría pronto, y entonces sí que habría algo de qué reírse.  

Siempre tuyo,  
F. E.