EN LE PERREUX

Londres, 23 de marzo de 1889

Mi querido Lafargue:

Es innegable que en La Haya se acordó⁰ que, si los posibilistas no cumplían, los belgas y los suizos, las dos naciones neutrales, convocarían el congreso; que se publicaría una declaración conjunta contra los posibilistas, y que el congreso se convocaría en París para finales de septiembre.

Según me dice Bernstein, él te comunicó todo esto, y además parece imposible que haya ocurrido algo tan importante sin que tú supieras nada en absoluto. Y Bonnier, según me dice Bernstein, estuvo presente, aunque tú no lo estuvieras.

Ahora bien, si se quiere llevar el asunto a una conclusión exitosa, es absolutamente indispensable que todos acaten lo resuelto.

Podéis perfectamente dejar la iniciativa de la convocatoria a los belgas y a los suizos; un congreso internacional puede perfectamente reunirse sin haber sido convocado por los socialistas de la localidad donde haya de celebrarse. Lo cierto es que la verdadera tarea —la organización y la preparación— estará en vuestras manos, y eso debe bastaros. Si pedís algo más, no tendréis congreso alguno y los posibilistas saldrán victoriosos de la refriega. Ante los ojos de toda Europa celebrarán su propio congreso, que será entonces el único congreso obrero internacional del año.

Si la cuestión estuviera todavía abierta a discusión, yo mismo me inclinaría a compartir vuestra opinión de que el congreso debería celebrarse junto al de los posibilistas, aun a riesgo de un enfrentamiento con ellos. Pero se consideró oportuno celebrarlo en septiembre y así se resolvió. No hay vuelta atrás en esto y, si insistís, celebraréis un congreso vosotros solos, para regocijo de Europa y deleite de los posibilistas.

Por otra parte, he escrito a Bebel diciéndole que no tiene derecho a presentaros un ultimátum ni a decir: si los belgas faltan a su palabra, nosotros quedaremos libres y no asistiremos al congreso. También le he dicho que ellos, los alemanes, están demasiado comprometidos como para retirarse de ese modo, y que una retirada belga, si llegara a producirse —cosa que no podemos saber—, no eximiría a los demás de sus obligaciones mutuas. Bebel es hombre de gran sensatez y tengo sobradas razones para creer que lo pensará mejor, siempre que vosotros no opongáis nuevas objeciones ni intentéis volver atrás sobre las resoluciones adoptadas de una vez por todas en La Haya.

Las cosas marchan admirablemente, y vosotros sois los únicos que podéis poner la zancadilla.

Pero aun suponiendo que los belgas se retirasen, en ese caso los suizos convocarían el congreso por su cuenta y, como actuarían en nombre de las demás nacionalidades, el éxito estaría asegurado.

Pero hay un solo medio para que los belgas queden liberados de su responsabilidad o para darles un pretexto para faltar a su palabra, y es que vosotros, los franceses, actuéis en contravención de las resoluciones de La Haya y seáis los primeros en hacerlo. Si os atenéis a ellas, estoy casi seguro de que los belgas también asentirán, en cuyo caso los posibilistas quedarán aislados, que es, al fin y al cabo, el principal objetivo que no hay que perder de vista.

Nuestra réplica a los ataques en Justice*⁰* (indispensable, ahora que el Sozialdemokrat se ha instalado en Londres) ha aparecido y, al mismo tiempo que esta carta, pero por correo de impresos, te envío seis ejemplares, de los cuales uno para Laura, otro para Longuet y otro para Vaillant. El lunes se va a difundir por todo Londres, se repartirá en todas las reuniones socialistas y se enviará a provincias. Confío en que dé que pensar a la gentuza posibilista y al señor Hyndman.

Sin duda habréis visto el ataque en Justice, que creo incluí en mi última carta.*

Ahora, permíteme repetir: sed razonables, cumplid fielmente lo resuelto, no hagáis imposible que vuestros mejores amigos os presten su apoyo, dad y tomad, utilizad la posición ganada en La Haya como punto de partida, como la primera posición arrebatada al enemigo y como base para futuras victorias. Pero no metáis por la fuerza en la garganta de las otras nacionalidades cosas que ciertamente no tragarán. La batalla está prácticamente ganada, os lo digo, y si la perdierais ahora, vosotros y solo vosotros seríais los culpables.

Vuestro de siempre,
F. E.