SS City of Berlin, entre  
Liverpool y Queenstown,  
9 de agosto de 1888  

Querido Hermann:  

Ayer me hice a la mar en un rápido viaje a América, y lo que quería era comunicártelo antes de dejar el último puerto europeo. Somos un alegre grupo de cuatro: yo, el profesor Schorlemmer, de Manchester, el doctor Aveling, de Londres, y su mujer, la hija menor de Marx. Schorlemmer y yo regresaremos hacia fines de septiembre y esperamos estar de vuelta en Inglaterra hacia el 2 o el 3 de octubre. El que haya podido realizar este plan, largamente acariciado, este verano ha sido de lo más propicio, y también me habían aconsejado encarecidamente, por razones médicas, que hiciese los dos viajes por mar, bastante largos, y cambiase por completo de aires.  

Nuestro barco es mucho más hermoso que el Berlín en tierra; tiene casi 6 000 toneladas, y los Aveling regresaron de Nueva York en él hace dieciocho meses. Conocen al capitán, al sobrecargo y a la tripulación, lo cual es muy agradable. Tenemos unos camarotes encantadores, la comida es excelente y, además, hay cerveza americana de tipo lager, que no está nada mal, una larga cubierta para pasear y no demasiados pasajeros, siempre que no suba un gran número en Queenstown; en resumen, todo promete ser muy placentero. Estoy impaciente por ver el mundo del otro lado; nos quedaremos allí tres o cuatro semanas, que es, creo, el tiempo justo.  

Estamos acercándonos a Queenstown, así que será mejor que termine. Cuidad de que todos os mantengáis bien. Os escribiré de nuevo desde el otro lado del océano. Recuerdos a tu mujer y a tus hijos y a todos los demás parientes.  

Con mucho cariño de  
Tu viejo Friedrich