Londres, 11 de abril de 1888

Estimada señora Wischnewetzky:

Su petición del manuscrito* me llega de manera muy repentina y me temo que no podré complacerla. Solo se me permite escribir dos horas al día, no más; tengo una abundante correspondencia que atender; encuentro que al final de las dos horas apenas empiezo a calentar motores, y entonces, justo entonces, debo detenerme. En estas circunstancias me es del todo imposible hacer artículos de temporada por encargo, especialmente para un mercado lejano, y no veo cómo tener el folleto listo en manuscrito para el 15 de mayo, mucho menos tenerlo ya impreso en Nueva York para esa fecha. Con todo, me pondré a ello de inmediato, después de despachar las cartas urgentes, y haré lo que pueda. Interrumpo a propósito un importante asunto para zanjar esta cuestión.

Con todo, en mi opinión, no necesita usted temer perder su oportunidad. La cuestión del librecambio no desaparecerá del horizonte americano hasta que quede resuelta. Estoy seguro de que el proteccionismo ha cumplido con su deber para los Estados Unidos y ahora es un obstáculo, y cualquiera que sea la suerte del proyecto de ley Mills,? la lucha no terminará hasta que el librecambio permita a los fabricantes norteamericanos ocupar el papel dirigente en el mercado mundial al que tienen derecho en muchas ramas del comercio, o hasta que tanto proteccionistas como librecambistas sean desplazados por quienes están detrás de ellos. Los hechos económicos son más fuertes que la política, sobre todo cuando la política está tan entreverada de corrupción como en América. No me sorprendería que en los próximos años un grupo tras otro de fabricantes norteamericanos se pasaran a los librecambistas; si entienden sus intereses, tienen que hacerlo.

Gracias por las publicaciones oficiales*; creo que serán justo lo que necesito.

Me alegra su éxito contra el Ejecutivo en la medida en que se ha logrado —por el semanario Volkszeitung del 31 de marzo⁴ veo que aún no ceden—: ahí se ve la ventaja de estar en el lugar de los hechos. La debilidad no resistente que se volvió directamente contra los Aveling por estar ausentes⁵, usted pudo tornarla en su favor porque no estaba ausente; y así la hostilidad hacia usted queda reducida a mero chismorreo local* que con perseverancia seguro logrará superar y hacer olvidar.?⁰

4 F. Engels, «Protección y librecambio. Prefacio al folleto: Karl Marx, Discurso sobre la cuestión del librecambio» —» trabajo sobre el tomo III de El Capital —¢ Véase este volumen, p...v. ~ 4 El artículo mencionado apareció en la columna «Socialistische Arbeiter-Partei National-Executiv-Komite», Wochenblatt der N. Y. Volkszeitung, núm. 13, 31 de marzo de 1888.

Me alegró mucho leer que los Sorge se sienten de nuevo más felices en su antiguo barrio?!8; espero que sigan así. El viejo Sorge no podría vivir en un agujero como Rochester más de lo que yo podría hacerlo en Krähwinkel o sus equivalentes del Lancashire, Chowbent o Bullocksmithy.

Devuelvo adjuntas las cartas de la Junta de Supervisión.

Con prisa,
Suyo fielmente,
F. Engels