Londres, 10-11 de abril de 1888

Mi querida Laura:

Schorlemmer regresó a Manchester ayer, de modo que hoy puedo sentarme a escribir unas líneas, es decir, si Edward y Tussy, que vuelven de su «Castillo» y estarán aquí hacia las 5, no se presentan demasiado pronto.

Ante todo, debo felicitar a Paul por sus espléndidos descubrimientos en etimología, que son realmente asombrosos. Que una gran cantidad de palabras francesas que solíamos derivar del latín bos, buey, desciendan del griego bois, buey, ya es algo. Pero que bouillon venga de bods y no de bullire, hervir, es un gran descubrimiento, y lástima que Paul no lo haya seguido un poco más. Así, Boustrapa es evidentemente de la misma derivación, y Buo-naparte (por Buonaparte) también, y, quedando así vinculado el bonapartismo con el buey, Boulanger debe derivar de bods; y de ahí también su equivalente inglés Baker, lo que arroja una luz completamente nueva sobre la aventura del coronel Baker en el vagón de ferrocarril: ¡cómo iba a evitar abalanzarse sobre Europa-Robinson, siendo descendiente de bods Júpiter! Además, no cabe duda de que en mou-tarde la m ocupa el lugar de una b original, y de que así su derivación de bods está asegurada… ¡qué torrente de luz arroja esto sobre el hecho de que la mostaza se coma sólo con carne de vaca y no con carnero!

Otro gran progreso es tratar el sánscrito al mismo nivel que la craneología, y haber descubierto des linguistes d’Allemagne et d’Angleterre que dicen que le finnois offre plus d’analogie avec les idiomes aryens que le sanscrit. Yo sólo he oído de algunos que, atribuyendo a las naciones arias un origen europeo en vez de asiático, se encuentran ante el aprieto de tener que aceptar un origen finés de la lengua aria sin poder mostrar, hasta ahora, el menor rastro de conexión entre ambas. Si Paul hubiera intentado derivar el francés del japonés en lugar del griego, habría hecho lo que él sostiene que han hecho esos pobres diablos de alemanes e ingleses. Bastante mal están ya, tal como están. Son epígonos de segunda y tercera fila —los alemanes, se entiende—, algunos incluso son bohemios, que, con fines sensacionalistas, han puesto en marcha —o mejor dicho (por una serie de errores) han sido llevados a— una teoría paradójica que los ha colocado frente a un muro infranqueable; los ingleses han tomado la cosa como una moda, como era de esperar de principiantes que quieren hacerse pasar por maestros —han ventilado sus despropósitos en la última reunión de la British Association, completamente en famille— pero lo que Paul les atribuye —el descubrimiento de la conexión entre lo ario y lo finés, una conexión aún más estrecha que la de las otras lenguas arias con su lengua hermana el sánscrito— eso es algo por lo que todavía suspiran, y es de esperar que no lean la Nouvelle Revue, pues de lo contrario querrían saber quién es ese Fergus que posee la varita mágica que transforma lo ario en finés y viceversa. Pero en caso de que vengan, Fergus puede señalar su nombre irlandés en justificación de sus Irish Bulls o bods.

Pero, bromas aparte, los artículos son muy buenos, y qué les importa a los parisinos qui s’en fichent si Fergus les cuenta unos cuantos bulls sobre etimología. Mucho más importante es que aprendan un poco sobre su propia lengua, y que encuentren aquí. Sólo que no creo que para diversión de los parisinos sea necesario que un autor se comprometa con semejantes afirmaciones. Pero es que todos tenemos la inclinación de fanfarronear más de aquello que menos sabemos; en todo caso, yo sé que yo la tengo.

11 de abril. Exactamente como esperaba. Las dos almas hambrientas se presentaron justo cuando terminaba la página anterior, trayendo huevos, mantequilla, pastel de cerdo, salchichas de su retiro verdaderamente rural, y dos buenos apetitos. Hoy tuve mi día de correo americano y ahora trato de terminar esto.

En Francia las cosas me parece que van muy bien. El boulangismo es el justo y merecido castigo por la cobardía de todos los partidos frente a ese chovinismo burgués que cree poder detener el reloj de la historia universal hasta que Francia reconquiste Alsacia. Afortunadamente, Boulanger se demuestra cada vez más un asno político, más peligroso, en mi opinión, para sí mismo que para cualquier otro. Un homme qui a son plan comme Trochu kann sich begraben lassen.

Por lo demás, los Oportunistas se desgastan cada vez más, verschlissen, y tienen que replegarse a la alianza con los Monárquicos, es decir, al suicidio político. El gran progreso en la opinión pública francesa es éste: que la República es reconocida como el único gobierno posible, que la Monarquía equivale a guerra civil y guerra exterior. La actuación de los Oportunistas (además de su corrupción flagrante) empuja a la opinión pública cada vez más hacia la Izquierda, y obliga al nombramiento de gobiernos cada vez más radicales. Todo ello en estricta armonía con el desarrollo regular desde 1875. No podemos desear más que esto continúe, y si Boulanger ayuda a este movimiento sin quererlo, tanto mejor. El sentido que los franceses tienen sin saberlo —la necesaria herencia lógica de una gran historia inconscientemente lógica— será, espero, más poderoso que todas las tonterías que se ponen a hacer consciente e intencionadamente.

El filisteo alemán se convence cada vez más de que con el viejo William se ha ido la clef de voûte del sistema actual, y que toda la voûte le seguirá gradualmente. Sólo espero que Bismarck no sea enviado a paseo simplemente para volver a entrar triunfalmente. De lo contrario, mejor sería que se quedara.

¡Qué tonto es ese Rochefort! ¡Cita periódicos católicos de Múnich para probar que los alemanes sólo esperan a que los franceses invadan de nuevo Alemania para unirse a ellos, derrocar a Bismarck y restaurar la dominación francesa en Alemania! ¿No puede ver ese idiota que nada fortificaría más a Bismarck que semejante intento francés de «liberar» Alemania, y que nosotros pensamos arreglar nuestros asuntos internos nosotros mismos?

Siempre tuyo,
F. Engels.
Llamado por la campana de la cena.