122 Regent’s Park Road, N.W.  

Estimada señora Wischnewetzky:  

Por fin le envío con la presente el Prefacio. Apenas habían regresado los Aveling cuando me sobrevino una ligera conjuntivitis que, sin embargo, bastó para impedirme todo trabajo regular, sobre todo porque el poco tiempo que podía dedicar a diario a escribir estaba forzosamente ocupado por correspondencia urgente. Aunque mi ojo aún no está del todo libre de inflamación, he conseguido despachar el Prefacio y espero que el retraso no le haya causado demasiadas molestias.  

Como no he podido guardar copia, le ruego que me devuelva el manuscrito cuando ya no lo necesite. Supongo que tendrá la bondad de encargarse de su paso por imprenta.  

Espero que el doctor Wischnewetzky haya llegado sano y salvo tras una buena travesía. Lamento no haber podido tenerlo unas horas para mí solo, pero se presentó justo una tarde en que, por el momento, se hacía revivir prácticamente a la vieja “Internacional”.  

El movimiento en América, justo en este instante, es, a mi juicio, lo que mejor se ve desde el otro lado del océano. Sobre el terreno, las rencillas personales y las disputas locales tienen que oscurecer buena parte de su grandeza. Y lo único que realmente podría retrasar su marcha sería la consolidación de esas diferencias en sectas establecidas. Hasta cierto punto, eso será inevitable, pero cuanto menos ocurra, mejor. Y los alemanes son los que más deben precaverse contra ello. Nuestra teoría es una teoría de la evolución, no un dogma que haya que aprenderse de memoria y repetirse mecánicamente. *Je weniger sie den Amerikanern von außen eingepaukt wird und je mehr sie sie durch eigene Erfahrung – unter dem Beistand der Deutschen – erproben, desto tiefer geht sie ihnen in Fleisch und Blut über.* *  
Cuando regresamos a Alemania en la primavera de 1848, nos sumamos al Partido Democrático como único medio posible de ganar el oído de la clase obrera; éramos el ala más avanzada de ese partido, pero seguíamos siendo un ala suya. Cuando Marx fundó la Internacional, redactó los Estatutos Generales de tal manera que todos los socialistas obreros de aquella época pudieran ingresar en ella –proudhonianos, pierre-lerouxistas e incluso el sector más avanzado de los trade unions ingleses–, y sólo gracias a esa amplitud llegó la Internacional a ser lo que fue: el medio para ir disolviendo y absorbiendo a todas esas sectas menores, a excepción de los anarquistas, cuya aparición repentina en diversos países no fue más que el efecto de la violenta reacción burguesa posterior a la Comuna y a quienes, por tanto, pudimos dejar que se extinguieran por sí mismos, como así ocurrió. Si de 1864 a 1873 hubiésemos insistido en trabajar únicamente con quienes adoptaran abiertamente nuestra plataforma, ¿dónde estaríamos hoy? Creo que toda nuestra práctica ha demostrado que es posible colaborar con el movimiento general de la clase obrera en cada una de sus etapas sin renunciar ni ocultar nuestra propia posición diferenciada e incluso nuestra organización, y me temo que, si los germano-americanos eligen una línea distinta, cometerán un gran error.  

Espero que a estas alturas se haya restablecido usted por completo y que su marido y sus hijos estén también bien. Recuerdos afectuosos para el doctor Wischnewetzky.  

Muy atentamente suyo,  
F. Engels  

* Cuanto menos se les inculque a los americanos desde fuera y cuanto más a fondo la pongan a prueba –con ayuda de los alemanes– por experiencia propia, tanto más profundamente penetrará en su carne y su sangre.