Londres, 7 de mayo de 1887

Estimada señora Wischnewetzky:

He recibido su nota del 25 de abril, con agradecimiento, pero sin el prefacio; si lo recibo en el próximo vapor, el lunes, le avisaré en seguida. Mientras tanto, como aún no he recibido ningún ejemplar del libro¹, le ruego que me haga llegar al menos algo con lo que trabajar, una galerada o lo que sea, pues la traducción de la Volkszeitung² no puede pasar en ninguna circunstancia. Trabajaré en la traducción tan rápido como mi ojo inflamado me lo permita. Solo lamento que no me haya enviado el manuscrito o una prueba tan pronto como se le ocurrió la idea de una edición alemana separada.

Sorge me escribe:

«Wischnewetzky’s bedauern sehr, durch die Verheimlichungen und Unterschlagungen der Executive zur Absendung des bekannten Briefs an Dich veranlasst worden zu sein, und haben sich alle erdankliche Mihe gegebeng, Aveling in der New Yorker Sektion Gerechtigkeit zu verschaffen.»³

Si esto, como debo suponer, fue escrito con su consentimiento, quedo perfectamente satisfecho y no albergo deseo alguno de volver sobre ese asunto en plan polémico.

Nadie se alegró más que yo al enterarme de que el libro por fin había salido de las manos de ese despreciable Ejecutivo y, en general, del Socialist Labor Party. Cuarenta años de experiencia me han demostrado lo inútiles y literalmente desperdiciadas que resultan todas esas publicaciones de pequeñas camarillas, las cuales, por su propio modo de publicación, quedan excluidas del mercado general del libro y, por tanto, de la consideración literaria. Lo mismo ocurría incluso con las publicaciones del partido en Alemania hasta 1878; y solo a partir de la Sozialistengesetz, que obligó a los nuestros a organizar un comercio de libros propio enfrentado tanto al gobierno como al comercio librero oficial de Leipzig, se ha superado este problema. Y no veo por qué en América, donde el movimiento comienza con una fuerza tan gigantesca e imponente, habría que repetir innecesariamente los mismos errores, con los mismos perjuicios consiguientes. ¡Toda la literatura socialista y, en Inglaterra, la cartista, se ha extinguido hasta tal punto que hoy ni el Museo Británico puede conseguir ejemplares a ningún precio!

Quedo, estimada señora Wischnewetzky,

muy sinceramente suya
F. Engels

¹ La edición norteamericana de La situación de la clase obrera en Inglaterra.
² La traducción publicada en el New Yorker Volkszeitung.
³ «Los Wischnewetzky lamentan mucho haberse visto inducidos —por la ocultación de hechos y la malversación de fondos del Ejecutivo— a enviarte la famosa carta, y han hecho todos los esfuerzos imaginables para hacer justicia a Aveling en la sección de Nueva York.»