[Borrador]

[Londres, hacia el 11 de septiembre de 1886]

Muy señores míos:

Debo rechazar categóricamente la insinuación contenida en su atenta del 9 del corriente.

Aun cuando a Kautsky y, por mediación suya, a Dietz se les hubiese ocurrido sacar una colección parecida de extractos simplemente como resultado de la propuesta que ustedes me hicieron, no tendrían motivo alguno de queja, puesto que en su tarjeta postal del 15 de mayo me decían:

«Hemos de confesar francamente que sin usted no podremos llevar a buen término nuestra idea».

Al retirarse ustedes, ellos tenían pleno derecho a intervenir. Y por qué habría de considerárseme en modo alguno culpable en este asunto, es cosa que me resulta absolutamente incomprensible.

Sin embargo, la suposición anterior ni siquiera es correcta. La necesidad de una colección semejante se viene discutiendo desde hace tiempo en los círculos socialistas, y los preparativos para llevarla a cabo han estado a menudo a punto de completarse. Sé que Dietz, en particular, la ha tenido en mente desde que fundó su editorial. Cuando hablé con Kautsky acerca de la propuesta de ustedes, una de las razones que adujo para rechazarla fue que ya mantenía correspondencia con Dietz sobre un proyecto muy similar y se había comprometido con él hasta el punto de no poder considerar ninguna proposición de naturaleza parecida procedente de otra parte. Así se lo di a entender al contestarles, en la medida en que me estaba permitido hacerlo; no estaba autorizado a decir más. De hecho, el asunto había avanzado ya hasta tal punto que, en el momento en que ustedes me escribieron, Kautsky llevaba ya varias semanas ocupado en ultimar las primeras entregas (sobre Marx) y, por tanto, no necesitaba incitación alguna de parte de ustedes.

Por lo demás, la aparición del anuncio de Dietz precisamente en este momento no es en modo alguno resultado de la carta de ustedes dirigida a mí, carta de la cual Dietz, que yo sepa, ni siquiera tiene conocimiento. Es únicamente resultado del hecho de que Dietz, tras su condena en Freiberg, se siente impulsado a poner en marcha varios de sus proyectos hasta un punto en que puedan seguir adelante sin su supervisión durante sus seis meses de detención.

Cuando yo estaba en los negocios me acostumbré a oír críticas demasiado precipitadas, basadas en una información insuficiente. Es una de esas costumbres filisteas alemanas que hacen prácticamente imposible que los alemanes desempeñen un papel realmente prominente en el mundo de los negocios. Pero debo confesar que me sorprende un tanto que una firma de la reputación de ustedes sea capaz de algo semejante.

Le saluda atentamente