Eastbourne, 13-14 de agosto de 1886
4 Cavendish Place

Estimada señora Wischnewetzky:

Mi respuesta a su amable carta del 9 de junio se demoró por la sencilla razón de que el exceso de trabajo me obligó a suspender toda mi correspondencia (salvo aquella que exigía un envío inmediato) hasta que el manuscrito de la traducción de *Das Kapital* estuviese por fin listo para la imprenta. Tal es ahora el caso, y puedo al fin ocuparme del montón de cartas sin contestar que tengo ante mí; y usted tendrá la preferencia. Si en la carta arriba mencionada me hubiese dicho que disponía de tiempo libre para el trabajo del partido, le habría enviado en seguida una respuesta breve; lamento que por culpa mía se haya visto impedida de hacer algún trabajo útil.

Olvidé por completo, cuando le propuse *Lohnarbeit und Kapital*,* que ya había aparecido en Londres una traducción inglesa. Puesto que ésta se ofrece a la venta en Nueva York, sería inútil traducirla de nuevo.

* K. Marx, Trabajo asalariado y capital.

Ahora, acerca de *Der Ursprung*.* La cosa es más difícil de traducir que *Die Lage**,* y exigiría de usted, proporcionalmente, mayor atención y más tiempo por página. Pero si a mí me quedara tiempo para revisarlo, eso no constituiría obstáculo, siempre que usted pudiera dedicarle ese tiempo y esa atención y me dejase un margen mayor de papel en blanco para proponer modificaciones. Hay, sin embargo, otro asunto que considerar. Si la obra ha de aparecer en inglés de algún modo, debería publicarse de tal manera que el público pueda procurársela a través del comercio regular de libros. No será ése el caso, por lo que alcanzo a ver, con *Die Lage*. A menos que los acuerdos comerciales en América sean muy diferentes de los de Europa, los libreros no comerciarán con obras publicadas por establecimientos externos pertenecientes a un partido obrero. Ésta es la razón por la que las publicaciones cartistas y owenistas no se conservan ni se pueden conseguir en ninguna parte, ni siquiera en el Museo Británico; y por la que todas nuestras publicaciones del partido alemán no se pueden conseguir —y no lo eran, ya mucho antes de la Ley contra los socialistas*⁷ — a través del comercio librero, y permanecieron desconocidas para el público ajeno al partido. Es éste un estado de cosas que a veces no puede evitarse, pero que debe evitarse siempre que sea posible. Y no me censurará usted por desear evitarlo para las traducciones inglesas de mis escritos, después de haberlo padecido en Alemania durante más de 40 años. La situación en Inglaterra es tal que se pueden encontrar editores —ya sea ahora o en un futuro próximo— para obras socialistas, y no me cabe duda de que en el curso del próximo año podré hacer publicar aquí una traducción inglesa pagando al traductor; y como, además, tengo prometida desde hace tiempo al Dr. Aveling la traducción de la *Entwicklung* ⁸ y del *Ursprung*,*⁹ si él puede conseguir que le resulte rentable, verá usted que una edición americana, lanzada al margen del comercio regular de libros, sólo echaría a perder la oportunidad de una edición londinense publicada por los canales del comercio regular y, por tanto, accesible al público en general y en todas partes.

Es más, no creo que este libro sea exactamente lo que necesitan en este momento los obreros americanos. *Das Kapital* estará a su disposición antes de que acabe el año; eso les servirá de *pièce de résistance*.⁺ Para una literatura más ligera, más popular, para la verdadera propaganda, mi folleto apenas servirá. En el actual estado no desarrollado del movimiento, creo que tal vez algunas de las popularizaciones francesas serían las más adecuadas. Deville y Lafargue publicaron hace unos dos años dos series de conferencias, *Cours d’économie sociale*, ocupándose Deville del aspecto económico y Lafargue del aspecto más general e histórico de la teoría marxiana.*¹⁰ No cabe duda de que Bernstein puede dejarle ver un ejemplar y conseguirle uno de París; así podría usted juzgar por sí misma. Por supuesto, no me refiero a la obra mayor de Deville, el extracto de *Das Kapital*, que en su segunda mitad es muy engañoso.*

14 de agosto

Volviendo al *Ursprung*. No quiero decir que se lo haya prometido de manera absoluta a Aveling, pero me considero comprometido con él en caso de que se publique una traducción en Londres. La decisión final, pues, dependería en gran medida del carácter de los acuerdos editoriales que usted pueda concertar en América. Me opongo decididamente a una repetición de lo que la señorita Foster ha hecho con *Die Lage*.² Cuando veo abierto el camino hacia una edición inglesa, lanzada por una firma conocida en el comercio burgués —y no sólo de este libro, sino probablemente de una colección de varios otros escritos, con la ventaja de que la traducción se haga aquí (lo que me ahorra una buena cantidad de tiempo)—, admitirá usted que debo mirarlo dos veces antes de sancionar la publicación, en América, de este pequeño libro por sí solo, echando así a perder todo el plan. Y con la actual alarma antisocialista en América, dudo que encuentren ustedes editores regulares muy dispuestos a asociar sus nombres con obras socialistas.

Un trabajo muy bueno sería una serie de folletos que expusieran en lenguaje popular el contenido de *Das Kapital*. La teoría de la plusvalía, n.º 1; la historia de las diversas formas de plusvalía (cooperación, manufactura, gran industria moderna), n.º 2; la acumulación y la historia de la acumulación originaria, n.º 3; el desarrollo de la producción de plusvalía en las colonias (último capítulo), n.º 4: esto sería especialmente instructivo en América, pues daría la historia económica de ese país, desde tierra de campesinos independientes hasta centro de la gran industria moderna, y podría completarse con hechos específicamente americanos.

Entretanto, puede usted tener la certeza de que aún pasará algún tiempo antes de que la masa de los obreros americanos empiece a leer literatura socialista. Y para aquellos que leen y leerán, ya se está proveyendo materia suficiente, y el *Ursprung* será lo último que echen de menos. Dada la mentalidad anglosajona, y en especial con el desarrollo eminentemente práctico que ésta ha cobrado en América, la teoría no cuenta para nada hasta que se impone por una necesidad imperiosa; y yo cuento sobre todo con que las enseñanzas que nuestros amigos reciban de las consecuencias de sus propias torpezas los preparen para la instrucción teórica.

Sinceramente suyo,
F. Engels

Permaneceré en este lugar hasta el 27 del corriente; después, en Londres.