[EN BORSDORF, CERCA DE LEIPZIG **]

Londres, 2 de enero de 1886

Querido Liebknecht:

La mujer de Borkheim murió hace unos 8 años. Para él no fue una gran pérdida—— bebía. Su hijo, F. Borkheim, de 19 años, es dependiente en Dunkerque. Para empezar, él en persona había estado dedicado a los negocios en Liverpool; durante la guerra de Crimea, un viaje especulativo a Balaclava con un cargamento de baratijas le reportó £15.000 de un solo golpe, dinero que, sin embargo, perdió porque volvió a hacer lo mismo al sobrevenir la paz; se hizo comerciante de vinos y descubrió que su paladar para el Burdeos era probablemente el más fino de Londres; se convirtió en agente de una casa de Burdeos, a la que creó una clientela, pero obró con poca circunspección y, cuando solicitó la participación, le dieron la patada—— ya no lo necesitaban. Sin haber sacado mayor sabiduría de la experiencia, intentó repetir esta brillante proeza con otra casa, con igual resultado; así que hubo de empezar otra vez desde el principio. De nuevo descubrió sin tardanza dos buenas conexiones, vivió como un lord, como siempre, hasta que en Badenweiler sufrió un ataque de apoplejía (hace unos 10 años), que le paralizó por completo el lado izquierdo, tras lo cual se supo que, más que poseer fortuna, había estado pidiendo prestado a sus amigos para sufragar su desaforado tren de vida. Pero, a pesar de todo, caía tan bien que la gente soportó tranquilamente sus pérdidas, mientras las dos casas para las que había trabajado le pasaban una pensión para que viviera. Su criada, con quien sin duda hubo relaciones sumamente íntimas, lo cuidó hasta su muerte—— pudo amueblar una casa de huéspedes en Hastings y seguir sacándole buen partido durante la temporada. Hace un año, cuando cesó la última de sus pensiones, logramos persuadir a sus amigos de la City, a todos los cuales debía dinero, de que le otorgaran una pensión nueva y suficiente. Absurdamente ostentoso en su conducta cuando la suerte lo acompañaba, se comportó como un héroe cuando lo asaltó de improviso la más atroz de las desgracias. Jamás una palabra de queja, invariablemente alegre, sin traza de que esta caída repentina lo hubiera afectado. Rara vez he conocido una capacidad de recuperación semejante. Pasaba el tiempo escribiendo su autobiografía, primero en inglés, luego en alemán; esta última probablemente no esté del todo terminada. Si pudieras encontrarle un editor, así como algún dinero para el muchacho, que gana un salario de £70 tras una crianza que casi haría pensar que nació en la púrpura, harías una buena obra. La dirección es: F. Borkheim, a cargo de los señores Bourdon & Cie, Dunkerque, Francia.

Andas descaminado en tus conjeturas acerca de las insinuaciones secretas sobre ti que han llegado a mis oídos. El único buen amigo que posiblemente haya podido encontrarte algún defecto, aquel que «te dijo» esto y «te dijo» lo otro——se llama Wilhelm Liebknecht, y sus insinuaciones han aparecido por escrito en sus cartas e impresas en el *Sozialdemokrat* y en Dios sabe cuántos periódicos alemanes. Gracias a esta fuente sé desde hace años que tienes una agradable e insuperable debilidad por todos los elementos «ilustrados» que rondan por los márgenes del partido, y que quieres ganártelos, aun cuando el 95 por ciento de ellos no pueden sino perjudicarnos. Por esta misma fuente sé además que el año pasado sólo advertías diferencias personales dentro del grupo parlamentario, mientras que ahora ya descubres «renegados». A esta misma fuente le debo también el saber que ese mismo Wilhelm Liebknecht en ocasiones se inclina a olvidar lo escrito si, en ese momento, no conviene a sus fines, y que espera que los demás sean lo bastante bondadosos como para hacerle idéntico favor. Lo cual, por desgracia, no siempre es posible. Pero en cuanto a tu pasión por recoger elementos «ilustrados» y disimular todas las divergencias, hay que aguantar esas cosas, y se hace con bastante facilidad, pues son inevitables. Mas no pidas que se las pase por alto. Y su inevitabilidad me preocupa tanto menos cuanto que sé, y así lo diré cuantas veces se presente la ocasión, que, llegado el momento de la decisión entre los elementos en conflicto, estarás en el bando correcto.

Y ahora, feliz año nuevo.

Tuyo,
F. Engels