Londres, 22 de febrero de 1885

Estimado señor Schlüter:

Espero con interés ver los pliegos de pruebas del Anti-Dühring.

En el caso de Wigand, las cosas están así: ya en 1875 o 1876 se había constatado en Leipzig que no quedaban más ejemplares de La situación de la clase obrera en Inglaterra, y yo poseo la factura original con la anotación «últimos ejemplares». Sin embargo, nada se pierde con que la otra parte confirme esto una vez más. Por fin he recibido un dictamen jurídico, del cual deduzco que el asunto no es ni mucho menos tan sencillo como parecía a primera vista. Ahora que sé a qué atenerme, tomaré nuevas medidas y le comunicaré en cuanto reciba de Wigand una respuesta positiva.

Conocí a Schabelitz ya antes de 1848, cuando estuvo aquí en Londres y pertenecía a la Sociedad Comunista. Déle mis más cordiales saludos cuando lo vea. Su explicación acerca de la supuesta «prohibición» era justo lo que yo necesitaba; es muy típica del comercio librero alemán. Es obvio que no se puede hacer nada al respecto mientras no se encuentre un solo agente que tenga arrojo. Pero la masa de los lectores burgueses no compra nuestras cosas, de modo que en este caso el arrojo no es un negocio particularmente rentable. La cosa era distinta cuando los libros prohibidos no eran más que liberales o radicales, o incluso cuando, antes de 1848, el comunismo era aún una causa con la que coqueteaba la burguesía.

El último manuscrito del libro segundo de El Capital sale mañana, y pasado mañana empezaré con el libro tercero. Mientras lo tenga pendiente, no podré dedicar un pensamiento serio a ninguna otra cosa.

Dígale a Ede que le escribiré en cuanto tenga un momento libre.

Con mis más cordiales saludos, suyo,
F. Engels