En Alemania hay demasiados soldados y suboficiales pertenecientes al partido para que se pueda predicar un motín con la menor probabilidad de éxito. Ellos saben que es en las filas del

ejército mismo donde la desmoralización (desde el punto de vista burgués) ha de producirse; dadas las condiciones militares modernas (armas de repetición, etc.), la revolución tiene que comenzar en el ejército. En todo caso, comenzará allí en nuestro país. Nadie sabe mejor que el gobierno cómo crece año tras año el número de reclutas socialistas. Nuestro sufragio universal no empieza hasta los veinticinco años; si la gran reserva de los jóvenes de 21 a 25 años no figura en las votaciones, está presente en el ejército.