Querido Ede:

Puedes enviar la adjunta a Auer si quieres; la he compuesto pensando en ello.

En cuanto a la distribución de las circunscripciones, te aseguro que también a mí me ha irritado a menudo, pero se debe al afán de proceder, en las cuestiones puramente tácticas, de acuerdo con principios generales, y esto siempre ocurre en los congresos, donde todo se presenta tan bonito y sencillo. Las candidaturas dobles son, de suyo, inútiles por regla general; pero si se calcula que en las circunscripciones dudosas los mejores tienen más probabilidades de salir elegidos que los otros y, por consiguiente, se los presenta allí, hay que tolerar las candidaturas dobles en su caso o correr el riesgo de que no sean elegidos en absoluto. Así que si te opones por completo a las candidaturas dobles, has de presentar a los mejores en las circunscripciones más seguras. Pero entonces resulta extraño que este relegamiento a las circunscripciones dudosas no le ocurra nunca a Liebknecht, sino solamente a Bebel, y que, por ejemplo, en las últimas elecciones Liebknecht tuviera, si no me equivoco, dos circunscripciones bastante buenas.* Enfin, estas cosas no pueden evitarse. Ni hay que olvidar que una batalla siempre tiene sus altibajos y, por tanto, no hay que desanimarse si a veces tienden a predominar los bajos.

En todo caso, una cosa es segura: mientras tengamos el Sozialdemokrat, sus mercedes los oportunistas pueden hacer lo que quieran; y aunque se hicieran con el control del grupo parlamentario (lo cual, después de todo, solo es posible si Bebel no es reelegido), no habrían vencido, ni mucho menos. ¿Qué intenciones albergan hacia las masas? Estas empujan constantemente hacia adelante a esa misma gente, les guste o no. Y si los Sabios lograran además adueñarse del Sozialdemokrat, esta situación duraría menos que el primer período de debilidad del Sozialdemokrat, que al principio también encontró apoyo, incluso entre los mejores de los «dirigentes», pero fue rechazado por completo por las masas.

En cuanto a la Vasta Erudición del célebre no ateo, me alegraré enormemente de que aproveche toda ocasión posible para exhibirse. Un sabio igualmente misterioso aparece en el Amant de la lune de Paul de Kock; cuando, tras tomarse las mayores molestias, la gente llega por fin a calibrar su erudición, descubre que consiste en un par de trucos de prestidigitación con corchos. ¡Piensa en todas las fatigas que pasamos hasta que este célebre hombre consintió por fin en proporcionarnos unas pocas muestras de su erudición! ¡Y qué bonitas son! E incluso ha llegado a la clarividencia. ¿Qué más podríamos desear? — ¡cela marche!

Recuerdos a Karl Kautsky, también de parte de Schorlemmer.

Tuyo,
F. E.

Dile a Manz, que me ha escrito, que ahora mismo le están haciendo un retrato igual que el mío y que lo tendrá tan pronto como esté listo; pero en una ciudad tan extensa como Londres no puedo ocuparme personalmente de ir detrás de estas cosas y, por tanto, dependo de otros.

* Véase la carta de Engels a Bernstein del 30 de noviembre de 1881 (presente edición, t. 46). —> Bien