Estoy de acuerdo con la respuesta que se da en el original (The Civil War, pp. 19 ss.).* Le envío un ejemplar por si acaso no dispone de uno allí. Se trata simplemente de mostrar que el proletariado victorioso tiene primero que remodelar la vieja máquina estatal, burocrática y administrativamente centralizada, antes de poder utilizarla para sus propios fines; mientras que, desde 1848, todos los republicanos burgueses, mientras estuvieron en la oposición, colmaron de improperios esa máquina, pero, en cuanto llegaron al poder, la tomaron intacta y se sirvieron de ella, en parte contra la reacción, pero en mayor medida aún contra el proletariado. Que en La guerra civil se acreditaran las tendencias inconscientes de la Comuna como planes más o menos deliberados era justificable y tal vez incluso necesario en aquellas circunstancias. Los rusos han añadido, con muy buen criterio, el pasaje de La guerra civil a su traducción del Manifiesto.1°* Si no hubiera habido tanta prisa por sacarlo, podríamos haber hecho eso y una o dos cosas más.

A propósito. Usted habló una vez del pasado deshonroso de Guesde, o algo por el estilo. No sé absolutamente nada al respecto. Sin duda es pura sarta de mentiras de Malon, pero le agradecería que me permitiera aclarar el asunto.

Dentro de poco le enviaré una libra esterlina de parte de Schorlemmer para su suscripción, el resto para fines del partido. Hoy es demasiado tarde para girar un giro postal.

Por fin vuelven a moverse las cosas en Rusia. El asunto del trineo y el zar es de lo más sospechoso,'** el de Sudeikin, en cambio, de una claridad cristalina.!35 Bien quisiéramos enviar un telegrama a Alejandro deseándole «felices vacaciones».

¿Le ha enviado Tussy Marx To-Day y los últimos números de Progress? Si no es así, me encargaré yo. Estas dos publicaciones están completamente divorciadas del movimiento de las TRADE UNIONS y, de hecho, las dirige una sociedad muy abigarrada. Bax es muy honrado pero aún algo verde, Aveling es bueno pero tiene poco tiempo para familiarizarse con la economía, materia que le es por completo ajena. Joynes es un tipo poco fiable (antiguo maestro en el gran asilo de pobres de Eton, viajó a Irlanda con Henry George, fue detenido con él y perdió su puesto; por eso anda oteando a ver por dónde sopla el viento) e Hyndman, un ambicioso jefe de partido in partibus infidelium, que busca provisionalmente un partido y entre tanto da órdenes al vacío, — dicho sea de paso, un tipo bastante astuto.* Lo mejor es hacer justicia a las aspiraciones sin identificarse con las personas. De todas formas, la publicación de To-Day y la transformación de Progress en una revista socialista reviste gran significado en esta coyuntura concreta, ahora que los pobres del East End londinense empiezan a alzar su voz. Para colmo, en todo el país tenemos una sobreproducción crónica que parece estar precipitando ya la crisis. Las circunstancias son favorables, pero está por ver si las personas que han tomado el asunto en sus manos están a la altura de esas circunstancias. Esta vez es difícil que quede sin secuela, como tantas representaciones previas que han sido meros ensayos generales.

Ahora basta. Hacía tres meses que no escribía una carta tan larga. Schorlemmer y yo enviamos cordiales saludos a todos los amigos.

Suyo,
F. E.