122 Regent’s Park Road, N. W.

Estimado señor:

He recibido su folleto sobre Karl Marx. Usted tiene derecho a someter sus doctrinas a la crítica más rigurosa, e incluso a malinterpretarlas; tiene derecho a escribir una biografía de Marx que sea pura ficción. Pero lo que no tiene derecho a hacer, y lo que yo jamás permitiré que nadie haga, es difamar el carácter de mi difunto amigo.

Ya en un trabajo anterior* se tomó usted la libertad de acusar a Marx de citar de mala fe. Cuando Marx lo leyó, cotejó sus citas y las de usted con los originales y me dijo que todas las suyas eran correctas y que, si había mala fe, era de parte de usted. Y viendo cómo cita usted a Marx, cómo tiene la osadía de hacer decir a Marx *ganancia* cuando habla de *Mehrwerth** y cuando él mismo se defiende una y otra vez contra el error de identificar ambas cosas (algo que el señor Moore y yo le hemos repetido a usted verbalmente aquí en Londres), sé a quién creer y dónde reside la mala fe.

Esto, sin embargo, es una nimiedad comparado con su «profunda y firme convicción… de que una sofística consciente impregna todas ellas» (las doctrinas de Marx); con que Marx «no retrocedía ante los paralogismos, aun *sabiendo que lo eran*»; con que «fue a menudo un sofista que pretendía llegar, a costa de la verdad, a una negación de la sociedad actual» y con que, como dice Lamartine, «*il jouait avec les mensonges et les vérités comme les enfants avec les osselets*».***

En Italia, país de antigua civilización, esto podría quizá tomarse como un cumplido, o considerarse un gran elogio entre socialistas de salón,**** viendo que esos venerables profesores jamás pudieron producir sus innumerables sistemas sino «a costa de la verdad». Nosotros, los comunistas revolucionarios, vemos las cosas de otro modo. Consideramos tales afirmaciones como acusaciones difamatorias y, sabiendo que son mentira, las volvemos contra su inventor, que se ha difamado a sí mismo al urgirlas.

En mi opinión, habría sido su deber dar a conocer al público esa famosa «sofística consciente» que impregna todas las doctrinas de Marx. ¡Pero en vano la busco! ¡*Nagott!*

¡Qué mente tan diminuta se necesita para imaginar que un hombre como Marx pudo haber «amenazado siempre a sus críticos» con un segundo tomo que «no tenía la menor intención de escribir», y que ese segundo tomo no era sino «un ingenioso pretexto urdido por Marx en lugar de argumentos científicos»! Ese segundo tomo existe y será publicado en breve. Quizá entonces aprenda usted a comprender la diferencia entre *Mehrwerth* y *ganancia*.

Una traducción alemana de esta carta se publicará en el próximo número del *Sozialdemokrat* de Zúrich.

Tengo el honor de saludarlo con todos los sentimientos que usted merece.

* A. Loria, *La teoria del valore negli economisti italiani*.  
** plusvalía.  
*** «jugaba con las mentiras y las verdades como los niños con las canicas».  
**** [Nota al pie en el original:] «*armchair socialists*» en el sentido de socialistas de gabinete.