Tu carta llegó en pleno fragor festivo, el cual, habida cuenta de la multiplicación de la familia Marx y de que dos de nuestros amigos* de Manchester se alojaban con nosotros, adquirió proporciones bastante formidables. Para remitir tu carta tuve que consultar el último Post Office Directory, que no se podía obtener más que a cierta distancia de esta casa. Por fin, conseguí hacerme con él a principios de esta semana y envié tu carta a

Alexander Macdonald Esq. M.P.

Well Hill (según el Directory, Well hl.)

por Hamilton, North Britain (N. B.)

Macdonald es el mayor sinvergüenza de los dos, pero está más profundamente implicado, oficialmente, con los mineros del carbón. Quizá recibas su respuesta antes que la mía. En cuanto se abra el Parlamento, puedes dirigir tus cartas simplemente a: Alexander Macdonald, House of Commons.

Puesto que dices que has pedido a Macdonald los documentos mencionados en el cuerpo de tu carta, naturalmente no haré nada más al respecto hasta tener noticias tuyas.

El asunto de la plata y/o el bimetalismo es la quimera de unos pocos especuladores algodoneros de Liverpool. Dado que entre los comerciantes indios y chinos prácticamente sólo circula la plata, y que la plata ha bajado de 1/15,5 a 1/17,5–1/18 del valor del oro en los últimos diez años, esta circunstancia ha, por supuesto, acentuado aún más la crisis en dicho artículo, provocada por la sobreexportación de artículos de algodón al Extremo Oriente. En primer lugar, los precios bajaron como consecuencia del aumento de la oferta, y luego, encima de ello, estos precios deprimidos representaban un valor en oro aún más bajo que hasta entonces para el exportador inglés. Los astutos hombres de Liverpool, para quienes era completamente inconcebible que el algodón también pudiera bajar de precio, achacaban ahora todo a la diferencia de moneda y pensaban que todo estaría en orden y el comercio indochino florecería, tan pronto como se decretara aquí que la plata volviera a ser 1/15 del valor del oro; es decir, que el público británico tuviera que aceptar la plata a un 13-15% por encima de su valor para que los exportadores de artículos de algodón pudieran lucrarse con esa diferencia. Ahí está todo el timo, y unos cuantos agiotistas más se han sumado a él. Nunca tuvo importancia alguna. No hace mucho, The Times tuvo la filantropía de opinar que la moneda de oro no era adecuada para un país tan pobre como Alemania y que sería preferible volver a la más conveniente moneda de plata, con la esperanza inconfesada de crear una salida para el mercado monetario de Londres, donde éste podría desprenderse de su plata depreciada a un precio superior a su valor. Otra vez una piadosa esperanza, por supuesto, al igual que la infantil ocurrencia de nuestro amigo Bismarck no hace mucho de volver al bimetalismo y reemitir el tálero como válido para todos los pagos, aunque vale un 15% menos que la cantidad por la cual supuestamente es válido. Sin embargo, los tipos del dinero alemanes se han vuelto tan astutos bajo el amigo Bismarck que esto ya no resultó atractivo y los táleros que se habían emitido volvieron disparados a velocidad de rayo al Banco y a las arcas imperiales.

También yo os deseo a ti y a todos los demás éxito en el Año Nuevo, así como a la revolución rusa, que seguramente se pondrá en marcha en el transcurso del mismo e impondrá de inmediato un carácter muy distinto a Europa. También por esto le debemos mucho a nuestro amigo Bismarck. Con su ostentoso viaje a Austria y la alianza que allí concluyó, le presentó al gobierno ruso, en el momento precisamente adecuado (¡para nosotros!), la alternativa: guerra o revolución. ¡Quel génie!*

* Probablemente Carl Schorlemmer y Samuel Moore. — Finalmente.  
* ¡Qué genio!

Engels Archives, Vol. I (VI), Moscú, 1932

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