[Argel,] Lunes, 20 de marzo [de 1882]

Mi querido Paul:

Tu amable carta del 16 de marzo me fue entregada hoy (20), de modo que parece haber tardado mucho menos en llegar aquí de lo que suele ser habitual para las cartas de Londres.

Ante todo, mi valiente gascón, «¿a qué se refiere Mustapha supérieur*?» Mustapha es un nombre propio, como Juan. Si sales de Argel por la rue d’Isly, ves ante ti una larga calle. A un lado de la misma, en las estribaciones, se alzan villas moriscas rodeadas de jardines (una de estas villas es el Hotel Victoria); al otro lado —a lo largo del camino— las casas se extienden en terrazas descendentes. Todo este conjunto se llama Mustapha supérieur: Mustapha inférieur* comienza en la pendiente de Mustapha supérieur y se prolonga hasta el mar. Ambos Mustaphas forman un solo municipio (Mustapha), cuyo alcalde (este caballero no lleva un nombre árabe ni francés, sino alemán) se comunica con los vecinos de vez en cuando mediante bandos oficiales: un régimen muy suave, como veis. En Mustapha supérieur se construyen constantemente nuevas casas, se derriban otras viejas, etc., pero aunque los obreros empleados en esta actividad son gente sana y residentes del lugar, caen con fiebre al cabo de los tres primeros días. Por consiguiente, parte de su salario consiste en una dosis diaria de quinina suministrada por los patronos. La misma práctica se observa en diversos lugares de Sudamérica.

Mi querido augur. Estás tan bien informado que escribes: «Debes de estar consumiendo todos los periódicos franceses que se venden en Argel». En realidad, ni siquiera leo los pocos periódicos que los demás huéspedes del Hotel Victoria reciben de París; mi lectura política se limita enteramente a los anuncios telegráficos del Petit Colon (un pequeño diario argelino semejante al parisiense Petit Journal, la Petite République Française, etc.). Eso es todo.

Jenny escribió que enviaba los artículos de Longuet que tú también mencionas, pero todavía no los he recibido. El único periódico que recibo de Londres es L’Égalité, aunque no se le puede llamar periódico.

¡Qué tipo tan extraño eres, San Pablo! ¿De dónde has sacado la idea o quién te ha dicho que debía «frotarme la piel con yodo»? Me interrumpirás y dirás que esto es una mera bagatela, pero revela tu método del «hecho material». Ex ungue leonem.† En realidad, en vez de «frotarme la piel con yodo», tengo que hacerme pintar la espalda con colodión cantarídico para extraer el líquido. La primera vez que vi mi costado izquierdo (pecho y espalda) tratado de este modo, me recordó un huerto en miniatura sembrado de melones. Desde el 16 de marzo, cuando escribí a Engels, no ha habido un solo lugar seco ni en mi espalda ni en mi pecho (este último también está siendo tratado) en el que pudiera repetirse la operación; por ahora, eso no podrá ser antes del 22.

Dices: «Se adjunta una carta de invitación que te hará reír». Es regular.‡ Pero ¿cómo esperas que me ría cuando la carta «adjunta» sigue en tus manos? Cuando surja la ocasión, le recordaré al señor Fermé a su antiguo camarada, el proudhoniano Lafargue. Por ahora, mientras el doctor° me prohíbe salir, aprovecho el tiempo para rehusar las visitas frecuentes y las conversaciones prolongadas.

Las lluvias continúan como antes. El clima es tan caprichoso; el tiempo cambia de una hora a otra, pasando por todas las fases o saltando de repente de un extremo al otro. Sin embargo, hay señales de una mejoría gradual, pero tendremos que esperar. ¡Y pensar que desde el momento de mi partida hacia Marsella y hasta ahora ha hecho el mejor tiempo tanto en Niza como en Mentón! Pero existía esa idea insistente —de la que no soy responsable— del sol africano y del aire milagroso de por aquí.

El sábado pasado enterramos a uno de los huéspedes del Victoria, de nombre Armand Magnadere, en Mustapha supérieur; era un hombre bastante joven enviado aquí por los médicos parisinos. Trabajaba en un banco de París; sus patronos continuaron pagándole el salario en Argel. Para complacer a su madre, dispusieron por telégrafo que su cuerpo fuera exhumado y enviado a París, todo a sus expensas. Semejante generosidad rara vez se encuentra incluso entre personas encargadas de «dinero ajeno».

Mi sueño vuelve gradualmente; quien no ha padecido insomnio no puede apreciar ese estado de dicha cuando el terror de las noches en vela comienza a ceder.

Saludos a mi querida Cacadou y a todos los demás.

Tuyo,
K. Marx

* Mustapha superior? Mustapha inferior.
† Juzga al león por sus garras.
‡ Por supuesto.
° Stephann.