[Argel,] 16 de marzo de 1882
Hôtel Victoria

(Sigue escribiéndome aquí,
aux soins de Fermé)

Mi querida hija:

Tras recibir tu carta por medio de Fermé, envié un mensajero al Hôtel d’Orient para hacer también allí indagaciones; le entregaron una carta tuya para mí fechada el 24 de febrero.

Te haré ahora un breve relato del estado de mi salud.

Como mi tos se había vuelto más persistente, con fuerte expectoración, insomnio, etc., mandé llamar al doctor Stephann (quien también atiende a algunos de mis compañeros de hospedaje) y he estado bajo su cuidado desde el 26 de febrero, cuando me examinó por primera vez. Es un hombre muy perspicaz y resuelto. Encontró que, como resultado de la desafortunada concatenación de acontecimientos desde que salí de París hasta ahora, mi costado izquierdo, debilitado por la pleuresía, funcionaba de manera anormal. El principal remedio consiste en vesicatorios (la extracción de líquido aplicando colodión cantaridino en el lado izquierdo de mi espalda y en el lado izquierdo de mi pecho), lo cual en mi caso funciona bien, y también una mixtura para la tos «calmante»; por último, una preparación arsenical (tan insípida como el agua) que he de tomar después de cada comida. En la medida en que el tiempo lo permita, he de seguir dando un paseo suave cada mañana.

Desafortunadamente (de haber sido el tiempo más favorable, mi violenta tos habría cedido sin duda por sí sola) empecé a escupir sangre el 6 de marzo, pero, tras el 8 y el 9 de marzo, tuve una hemorragia realmente seria con algún dolor residual hasta el 12, y el 13 había desaparecido todo rastro de hemorragia. De modo que este desagradable episodio duró una semana; el doctor Stephann intervino enérgicamente, prohibiendo todo movimiento (los paseos, ni que decir tiene); asimismo, casi reposo absoluto; baños de pies calientes, etc., junto con medicamentos enérgicos. Durante este tiempo, el tratamiento con vesicatorios, tónicos para la tos, etc., continuó y, de hecho, redujo la tos de manera asombrosa. También el tiempo ha comenzado a cambiar gradualmente, aunque todavía no del todo comme il faut.

Desde mi villa en la cima de la colina (Hôtel Victoria) tengo ante mí la perspectiva de la bahía y, a un lado, villas que se alzan en anfiteatro —el aire más puro, incluso sin paseo, llega hasta el pequeño balcón delante de mi propia habitación y de las contiguas chambres, o también en la veranda, que da acceso al primer piso. El doctor no me permitirá reanudar mis paseos hasta que haya examinado de nuevo el corpus delicti. Nótese que últimamente no sólo he recuperado el apetito, sino que al fin he logrado conciliar algo de sueño. (Desde el 16 de febrero, en realidad desde la noche en el hotel de París, había padecido insomnio sin interrupción hasta el momento antes mencionado.)

En resumidas cuentas, el resultado es, como también he informado a Londres, que en esta expedición insensata y mal calculada, ahora acabo de llegar de nuevo a aquel nivel de salud que tenía al salir de Maitland Park. Debo decir, sin embargo, que muchos visitantes aquí también han pasado, y están pasando aún, por la misma prueba. Desde hacía 10 años, Argel no había tenido un fracaso semejante de la temporada invernal. Yo mismo había tenido algunas dudas; estaba la experiencia de la isla de Wight y de otros rincones, pero Engels y Donkin se enardecieron mutuamente en un furor africano, sin que ni el uno ni el otro se informaran especialmente, teniendo en cuenta que, en lo que respecta a la temperatura, este año era extraordinario. Yo había dado a entender, de vez en cuando y de manera indirecta, que al menos empezara por Mentone (o Niza), ya que Lavrov había recibido de amigos rusos noticias muy favorables, pero todo esto fue descartado por mi optimista y buen viejo Fred quien, lo repito, lo digo entre tú y yo, fácilmente podría matar a alguien por amor.

Debo decirte que en este Villa-Hôtel, las dos señoras que lo regentan, hicieron todo a mi servicio, sin descuidar ningún cuidado ni atención. Y en cuanto a las operaciones relativas a los vesicatorios, un joven pharmacien, el señor Casthelaz (quien está aquí con su madre como paciente desde diciembre), tiene la bondad de aplicarme el vesicatorio, luego abrir las ampollas llenas de líquido, después poner lienzo sobre la piel algo áspera, etc. Hace todas estas cosas de la manera más gentil, y ofrece estos servicios voluntarios del modo más delicado.

Nada podría ser más mágico que la ciudad de Argel, a no ser la campagne fuera de la ciudad en verano, y antes; sería como las Mil y Una Noches, particularmente —con buena salud— con todos mis seres queridos (en particular, sin olvidar a mis nietos) a mi alrededor. Me ha encantado cada vez que me has enviado noticias de los valientes pequeños; Tussy también ha escrito diciendo que no puede dejar de pensar en los niños, y que anhela tenerlos de nuevo con ella. No es muy probable que pueda dejar este lugar antes de que acabe el mes, pues primero he de completar el tratamiento completo prescrito por el doctor Stephann, y no hasta entonces (suponiendo siempre que para entonces el tiempo esté del todo asentado) podré realmente comenzar el verdadero tratamiento de aire puro.

No he visto nada de la Justice (polémica con el Citoyen), ni ningún otro periódico de París, salvo la Égalité. Me alegró mucho saber por tu carta que Tussy había encontrado una solución discreta para la catástrofe. Si y cuando Lissagaray lance su Bataille, supongo que me enviarás los primeros números; no creo en un gran resultado; mais qui vivra verra.

Durante mis primeros días aquí (cuando aún estaba en el Hôtel d’Orient), el bueno de Fermé me «hizo andar demasiado» —quiero decir, me hizo recorrer subidas y bajadas, y también me extenuó. Puse fin a todo esto de inmediato, haciéndole comprender que soy un inválido. Pero él lo hizo con la mejor intención, y ahora sabe que descanso, soupe y silencio son deberes que me incumben como ciudadano.

Besos a todos los niños. Recuerdos a Longuet. Y muchos besos para ti, querida hija.

De tu

Op Nick