41 Maitland Park Road, N. W.

Querido amigo:

Adjunto unas líneas para la edición rusa del Manifiesto Comunista*; como han de ser traducidas al ruso, no han sido pulidas en la medida que sería necesaria si fueran a publicarse EN LA LENGUA VERNÁCULA ALEMANA.

No llevo de vuelta en Londres más que unos días. Pues, a consecuencia de una pleuresía y una bronquitis de las que me había repuesto, me quedó un catarro bronquial crónico que mi médico esperaba eliminar enviándome a Ventnor (Isla de Wight), un lugar que suele ser cálido, incluso en invierno. En esta ocasión, sin embargo —durante las tres semanas de mi estancia allí—, Ventnor se vio invadido por un tiempo frío, húmedo, sombrío y neblinoso, mientras que al mismo tiempo en Londres el tiempo se tornó casi veraniego, para cambiar de nuevo, empero, a mi regreso.

Ahora se tiene la intención de enviarme a algún lugar del sur, posiblemente Argel. Es una elección difícil, porque Italia me está vedada (un hombre fue arrestado en Milán por tener un nombre parecido al mío); ni siquiera puedo ir de aquí a Gibraltar en vapor, pues carezco de pasaporte y hasta los ingleses lo exigen allí.

A pesar de todo el apremio por parte de los médicos y de mis allegados, jamás habría consentido en una operación tan pérdida de tiempo de no ser porque esta maldita enfermedad «inglesa» menoscaba el intelecto. Además, una recaída, aun si saliera adelante, consumiría aún más tiempo. Con todo, tengo la intención de llevar a cabo primero aquí algunos experimentos adicionales.

*Te envío un número de Modern Thought con un artículo sobre mí; no necesito decirte que la noticia biográfica del autor es por completo errónea. Mi hija —tu corresponsal Eleanor, que te envía saludos— se ha tomado la libertad de corregir en el ejemplar que se te remite las citas erróneas en inglés de El Capital. Pero

* Véase la presente edición, vol. 24. — Donkin. — Véase este volumen, pág. 163.

por mal que el señor Bax —me dicen que es un hombre bastante joven— pueda traducir, es ciertamente el primer crítico inglés que se interesa de verdad por el socialismo moderno. Hay en él una sinceridad de palabra y un acento de verdadera convicción que llaman la atención. Un tal John Rae —creo que es profesor de Economía Política en alguna universidad inglesa— publicó hace algunos meses en The Contemporary Review un artículo sobre el mismo tema, muy superficial (aunque aparenta citar muchos de mis escritos que evidentemente jamás ha visto), y lleno de esa afectación de superioridad que inspira al genuino británico su peculiar don de obtusa tozudez. ¡Con todo, se esfuerza por mostrarse tan condescendiente como para suponer que, por convicción y no por motivos interesados, yo llevo casi cuarenta años extraviando a la clase obrera con doctrinas insanas! En términos generales, la gente aquí empieza a sentir ansia de algún conocimiento sobre socialismo, nihilismo, etcétera. Irlanda y los Estados Unidos por un lado; por el otro, la lucha inminente entre agricultores y terratenientes, entre jornaleros agrícolas y agricultores, entre el capitalismo y el terratenientismo; algunos síntomas de resurgimiento entre la clase obrera industrial, como, por ejemplo, en algunas recientes elecciones parciales para la Cámara de los Comunes, donde los candidatos obreros oficiales (especialmente el renegado de la Internacional, el miserable Howell 25°), propuestos por los reconocidos líderes de los sindicatos y públicamente recomendados por el señor Gladstone, «el Guillermo del pueblo», fueron desdeñosamente rechazados por los obreros; los clubes radicales manifestantes que se forman en Londres, compuestos en su mayoría por obreros, ingleses e irlandeses entremezclados, completamente opuestos al «gran partido liberal», al sindicalismo oficial y al Guillermo del pueblo, etcétera, etcétera: todo ello induce al filisteo británico a buscar ahora mismo alguna información sobre el socialismo. Por desgracia, las revistas, los magazines, los periódicos, etc., explotan esta «demanda» únicamente para «ofrecer» al público las expectoraciones de venales, ignorantes y aduladores plumíferos a tanto la línea (suponiendo incluso que sean a tanto el chelín).

Aparece un «semanario», llamado The Radical, lleno de buenas aspiraciones, audaz en el lenguaje (la audacia está en el desenfado [sans gêne], no en el vigor), que intenta romper las trabas de la prensa británica, pero, con todo, de realización más bien pobre. Lo que le falta al periódico son editores inteligentes. Hace muchos meses esa gente me escribió; yo estaba entonces en Eastbourne }°° con mi querida esposa, luego en París, etcétera, de modo que aún no ha tenido lugar entrevista alguna conmigo. Lo considero, en realidad, inútil. Cuanto más he leído su periódico, tanto más me convenzo de que es incurable.

Mi hija me recuerda que ya es hora de terminar esta carta, pues están próximos los últimos minutos para la entrega del correo.*

Salut,  
Karl Marx