Londres, 4 de abril de 1881

Querido viejo:

Le escribo justo antes de que salga el correo, pues acabo de recibir en este mismo momento el giro postal, cuatro libras esterlinas = 100 francos 80 céntimos, que confío le será entregado sin demora. Su dirección era indispensable, ya que la oficina de correos de aquí insiste en ello, de lo contrario no hay giro postal. Presionaré a Liebknecht acerca de sus falsas promesas; esos sujetos tienen que hacer algo por usted. Me alegra, por lo demás, que los nuestros hayan cobrado ánimos de nuevo; durante una temporada la mayoría de ellos padecía de un fuerte ataque de cobardía; el periódico también está dando buena cuenta de sí. Ese filisteo Most tiene, decididamente, suerte; su Fretheit estaba en las últimas, tras lo cual el gobierno británico se sintió impelido a echarle una mano, y lo hizo del modo más brillante. Semejante estupidez colosal escapa a todo lo creíble, pero da la casualidad de que tenemos a los liberales al timón y éstos son capaces de cualquier estupidez, de cualquier jugada sucia. Procedieron con tanta prisa que hasta ahora ni siquiera saben bajo qué ley acusarán a Most. Pero Bismarck necesitaba este golpe para su debate socialista en el Reichstag, y dado que Gladstone, nuestro primer ministro, es un admirador entusiasta del asesinado Alejandro, la cosa no ofreció dificultad. Tanto más difícil les será redactar una acusación, por no hablar ya de reunir un jurado que declare culpable a Most. Así que Most se hará famoso a bajo precio, aunque sólo sea por un breve lapso, en tanto que Bismarck, aunque ahora también pueda estarse frotando suavemente las manos, acabará encontrándose una vez más desacreditado.

Los más cordiales saludos de Marx y de su
F. Engels