122, Regent’s Park Road, N. W.

Estimada señora:

En relación con mi breve nota enviada a Biarritz, todo lo que puedo decirle es que, en realidad, no conozco documentos ni informes que pudiera recomendarle, aparte de los que usted misma enumeró en su anterior y estimada carta. Sin embargo, después de las vacaciones escolares, cuando regresen las diversas personas que conozco, haré nuevas indagaciones y, si encuentro algo nuevo, se lo enviaré a Moscú o le informaré más detalladamente. Para que tal correspondencia parezca del todo inocua, escribiré en inglés y firmaré como E. Burns. Cuando se comunique conmigo desde allí, puede dirigir sus cartas a: Miss E. Burns, 122 Regent’s Park Road, N. W., Londres. No es necesario sobre interior; es mi sobrina.

Me interesó muchísimo saber de sus actividades en Moscú y de la perspectiva de que funde una escuela industrial con ayuda del presidente del zemstvo; también nosotros tenemos aquí los informes estadísticos de todos los zemstvos rusos, como en general excelente material sobre las condiciones económicas de Rusia, pero desgraciadamente no puedo consultarlo en este momento porque está en casa de Marx y tanto él como toda su familia se hallan en la costa. Sin embargo, no me sería de gran ayuda para responder a su pregunta, ya que ésta exige un conocimiento de los ramos pertinentes de la industria doméstica, de su funcionamiento, sus productos y su competitividad, y eso sólo puede adquirirse sobre el terreno. En conjunto, me parece que la mayoría, por lo menos, de los ramos industriales que usted mencionó probablemente serían capaces de competir con la gran industria durante algún tiempo todavía. Revoluciones industriales como éstas progresan con extrema lentitud; incluso el telar manual aún no ha sido suplantado del todo en algunos ramos en Alemania, mientras que en Inglaterra esos mismos ramos lo eliminaron hace 20 ó 30 años. En Rusia ese proceso podría ser aún más lento. Después de todo, el largo invierno proporciona al campesino mucho tiempo libre, y, aunque sólo gane algo durante el día, eso es siempre una ganancia. Cierto es que estas formas primitivas de producción no pueden escapar a su desaparición final, y en un país industrial altamente desarrollado, como aquí, por ejemplo, podría afirmarse que sería más humano acelerar este proceso de disolución que prolongarlo. En Rusia la situación bien pudiera ser distinta, sobre todo porque existe allí cierta perspectiva de cambios violentos en la situación política en su conjunto. Los pequeños paliativos que han resultado prácticamente inútiles en Alemania, como usted misma ha comprobado sin duda, y también en otras partes, en Rusia podrían ayudar al pueblo en ocasiones a superar la crisis política y mantener su industria en marcha hasta que llegue el momento en que también tengan voz. Las escuelas, sin embargo, podrían quizás permitirles hacerse al menos una idea de lo que deberían decir. Y todos los auténticos elementos educativos que se difundan entre el pueblo contribuirán, en mayor o menor medida, a ese fin. La instrucción técnica tal vez logre mejor su objetivo si procurara, por un lado, organizar las operaciones, al menos de los ramos más viables de la industria tradicional, de manera más racional, y, por otro, proporcionar a los niños una formación suficiente en tecnología general para facilitar su paso a otras industrias. Aparte de estas generalizaciones, poco puede decirse a esta distancia. Sólo que esto me parece bastante claro: la gobernación de Moscú no es probable que se convierta en un centro de gran industria en un futuro próximo, ya que está alejada de las zonas carboníferas y el combustible de madera ya escasea. La industria doméstica, bajo alguna forma, aunque no siempre la misma, podría persistir allí un tiempo más, incluso si los aranceles protectores hicieran factible la introducción de tal o cual gran empresa, como la industria algodonera de Shuya e Ivanovo en la gobernación de Vladimir. Y, después de todo, la única manera de ayudar realmente a los campesinos es conseguir que obtengan más tierra y la cultiven en asociaciones.

Su informe sobre la incipiente decadencia de la obshchina y del artel confirma noticias que también nos han llegado por otra vía. No obstante, este proceso de desintegración puede prolongarse aún mucho tiempo. Y como la corriente general en Europa Occidental fluye precisamente en dirección contraria y, con la próxima convulsión, ha de adquirir una fuerza de un orden muy distinto, cabe esperar que también en Rusia, que en los últimos 30 años ha producido ciertamente muchos espíritus críticos, esta corriente sea aún lo bastante fuerte para apelar a tiempo al innato y milenario impulso de asociación del pueblo, antes de que ese impulso se extinga por completo. Por eso, las asociaciones productivas y otros medios de fomentar el sistema de asociación entre el pueblo en Rusia deben considerarse también desde un punto de vista distinto al occidental. Ciertamente, siguen siendo sólo pequeños paliativos. Quedo de usted,

con el mayor respeto,  
F. Engels