122 Regent’s Park Road, N. W.  

Estimada señora:  

Después de no pocas vicisitudes, su carta de Biarritz 2° ha llegado sin novedad a mis manos aquí, donde he residido los últimos diez años, y me apresuro a proporcionarle cuanta información está en mi poder darle.  

He hablado del asunto con mi amigo Marx, y ambos opinamos que, en lo tocante al sistema inglés de escuelas industriales, no pueden conseguirse aquí mejores fuentes que los informes oficiales* que usted ya posee. El contenido de las demás publicaciones no oficiales sobre la materia poco más es que puro escaparatismo, cuando no está expresamente destinado a hacer de reclamo para algún que otro embuste. Echaré un vistazo por si encuentro, entre los informes de los School Boards y del Education Department de los últimos años, algo que pueda interesarle, y le remitiré más detalles si tiene la amabilidad de indicarme a qué dirección debo escribir o enviar paquetes, ya sea dentro de las próximas dos semanas, o bien en otoño (pues estaré ausente de Londres algún tiempo 3°). La formación industrial de los jóvenes se halla aquí en un estado aún peor que en la mayoría de los países del Continente, y lo que se hace, se hace las más de las veces por guardar las apariencias. Usted misma habrá visto, por los propios informes, que las «Industrial Schools» no son en modo alguno equiparables a las escuelas industriales del continente, sino que constituyen una especie de instituto penal donde se interna a niños abandonados por un número determinado de años, por orden judicial.  

En cambio, tal vez los esfuerzos hechos en América revistan mayor interés para usted. Los Estados Unidos han enviado a la Exposición de París?! un abundante material relacionado con esta materia, material que debe de hallarse depositado en la gran biblioteca de la rue Richelieu 3? y cuyos detalles encontrará usted en el catálogo de la exposición en dicha biblioteca.  

Sigo, además, tratando de averiguar para usted la dirección de un tal Sr. Da Costa en París; su hijo desempeñó cierto papel en la Comuna de 1871, y el padre trabaja él mismo en el ramo de la enseñanza, se interesa apasionadamente por su profesión y estaría más que dispuesto a prestarle a usted ayuda.  

Por lo que hace a las escuelas de enseñanza complementaria para obreros adultos en este país, por regla general no valen gran cosa. Cuando se hace algo que valga la pena, suele deberse a circunstancias especiales y a personalidades concretas, es decir, a algo local y pasajero. En todos estos asuntos, el único elemento que aquí se repite sistemáticamente es el embuste. Los mejores establecimientos recaen, al cabo de poco tiempo, en una rutina embrutecedora, y el propósito declarado se convierte cada vez más en un pretexto para que los empleados se ganen el sustento de la manera más cómoda posible. Hasta tal punto es esto la regla, que ni siquiera los establecimientos destinados a la educación de los hijos de las clases medias —burguesía— constituyen excepción. En verdad, últimamente he venido a toparme con buen número de casos notables de esta misma índole.  

Lamento no hallarme en este momento en condiciones de poner a su disposición ningún material nuevo; por desgracia, desde hace varios años me ha sido imposible seguir de cerca, y con detalle, la marcha de la instrucción pública. De haber podido, me habría sido muy grato ofrecerle más. Todo cuanto fomenta la instrucción pública y, con ello, el movimiento, por indirectamente que sea, en un país como Rusia, que se halla en el umbral de una crisis histórica mundial y que ha producido un partido dinámico de una abnegación y una energía excepcionales, todo lo que sea de esta naturaleza cuenta con nuestra más ardiente simpatía.  

De usted, señora, con toda consideración,  
F. Engels  

* Informes de los Comisionados Designados para Investigar el Estado de la Instrucción Popular en Inglaterra e Informes de Escuelas Reformatorias e Industriales.