El señor Hasselmann pronto se volverá inofensivo si vosotros sacáis a la luz hechos verdaderamente comprometedores sobre él y le quitáis el viento de las velas en el Reichstag, es decir, si procedéis de un modo francamente revolucionario, lo cual puede hacerse empleando un lenguaje muy moderado, como tú mismo hiciste de manera ejemplar en tu discurso sobre las persecuciones. Pero si una persona teme constantemente que el filisteo la considere, como ocurre a menudo, un poco más extremista de lo que realmente es, y si de hecho el recorte adjunto de la Kölnische Zeitung es correcto al informar que los socialdemócratas han presentado una moción destinada a restaurar el privilegio gremial de comerciar con productos elaborados a domicilio, entonces los Hasselmann y los Most lo tendrán fácil.

Nada de esto, sin embargo, tiene verdadera importancia. Lo que ahora mantiene vivo al partido es la actividad discreta y espontánea de los individuos; al igual que su organización, se mantiene en marcha gracias a sus inagotables desplazamientos. En Alemania hemos alcanzado afortunadamente la etapa en que cada acción de nuestros adversarios nos resulta ventajosa; en que todas las fuerzas históricas juegan a nuestro favor, en que nada,

* Falta el comienzo de la carta.

absolutamente nada, puede ocurrir sin que saquemos provecho de ello. Por esa razón podemos permitir tranquilamente que nuestros adversarios trabajen para nosotros. Bismarck trabaja para nosotros como un verdadero troyano. Ya nos ha ganado Hamburgo y dentro de poco nos hará también el regalo, primero de Altona, y luego de Bremen. Los nacionalliberales trabajan para nosotros, aunque lo único que hagan sea someterse a patadas y votar impuestos. Los católicos trabajan para nosotros, aunque primero votaran en contra y luego a favor de la Ley contra los socialistas, a cambio de lo cual también ellos han sido sencillamente entregados por Bismarck a la tierna merced del gobierno, es decir, puestos asimismo fuera de la ley. Todo lo que nosotros podamos hacer es una mera gota en el océano comparado con lo que los acontecimientos hacen por nosotros en este momento. La actividad febril de Bismarck, que lo desordena todo y lo descoyunta todo sin lograr nada remotamente positivo; que estira la capacidad impositiva del filisteo hasta el límite máximo, y esto para nada y peor que para nada; que un día quiere una cosa y al siguiente la contraria y está empujando violentamente a los brazos de la revolución al filisteo que tan gustosamente se arrastraría a sus pies: éste es nuestro más fuerte aliado, y me alegra que puedas confirmar por observación directa que de hecho ha habido un giro hacia la izquierda, como era inevitable en estas circunstancias.

También en Francia las cosas progresan bien. Nuestro punto de vista comunista gana terreno en todas partes y los mejores entre quienes lo defienden son todos antiguos anarquistas que se han pasado a nosotros sin que hayamos movido un dedo.* Se ha establecido así la unanimidad entre los socialistas europeos; los que aún vacilan no merecen ser mencionados ahora que la última secta restante, los anarquistas, se ha disuelto. También allí encontramos cada vez más un giro general hacia la izquierda entre los burgueses y los campesinos, como tú mismo has señalado ya; pero aquí hay un inconveniente: este giro hacia la izquierda tiende principalmente hacia una guerra de revancha y eso debe evitarse.

La victoria de los liberales aquí tiene al menos un aspecto bueno, en cuanto que le pone un freno a la política exterior de Bismarck. Puesto que ahora bien podría quitarse de la cabeza la guerra rusa, sin duda hará como de costumbre: vender a su aliado, Austria, al primero que llegue. Después de todo, las amargas experiencias de 1864-1866 ya han mostrado a los austriacos que Bismarck busca aliados sólo para traicionarlos, pero son demasiado estúpidos y caerán otra vez en la trampa.

* Engels se refiere probablemente, sobre todo, a Paul Brousse y Benoît Malon.