Está usted equivocado, si cree que Disraeli es en mi opinión un gran hombre. Siempre fue un buscavidas, y esa gente, cualesquiera que sean sus dotes naturales, es siempre deficiente. Pero, ¡dans le royaume des aveugles les borgnes, etc.*!

Está usted todavía más equivocado, si considera a lord Lugarcomún como un hombre pequeño o como un adversario fácil de derribar. Él es, por el contrario, el hombre más poderoso del Imperio Británico. Por un lado, el noble de más rancia estirpe; por otro, la encarnación intelectual de la gran clase media. Los negocios son los negocios: ésa es la única faceta seria de su burgués; todo lo demás es espectáculo… y, por consiguiente, hay que despacharlo con discursos suaves, frases convencionales, huera palabrería. ¡Cuánto poder, pues, el de lord Lugarcomún! Si no hubiera existido un conde de Derby, la nobleza en decadencia y los corredores arribistas habrían tenido que inventarlo…

Turquía y Austria fueron los últimos puntales del viejo sistema estatal de Europa… Éste se irá ahora por completo al traste, expirando en una sucesión de guerras, que precipitarán la Crisis Social y engullirán todas las llamadas Potencias, esas potencias-farsa, vencedores y vencidos… para hacer sitio a una Revolución Social europea.

¡De un modo u otro, nuestros enemigos están cavando su propia tumba!

* Dans le royaume des aveugles les borgnes sont rois — En el reino de los ciegos el tuerto es rey. — El conde de Derby (véase también este volumen, pág. 296).