Querido Pauli:

Ayer te envié, con porte pagado, por Continental Parcels Express y de ahí por el correo de paquetes imperial alemán, un cajón dirigido a: Dr. Pauli, Mannheim (Fábrica de productos químicos, Rheinau), Alemania, que contiene un pudín de ciruelas para tu mujer, un pastel de grosellas cocinado para ti por mi mujer, un libro, una cajita con pañuelos y un pequeño tintero para Pumps. Como en el cajón no cabía nada más, tuvimos que meter un vestido nuevo para ella en el cajón que contiene el pudín para los Schupps; eso es lo peor de estos cajones: hay que tomarlos tal como vienen; son cajones de fabricantes alemanes de juguetes.

Si el cajoncito no llega a más tardar el miércoles, lo mejor será que preguntes en la oficina de paquetes de Mannheim; el servicio postal es responsable de él; esa oficina y Continental Parcels Express son agentes mutuos. Sin embargo, confío en que todo llegue bien, pues enviamos las cosas con suficiente antelación para que lleguen antes del ajetreo navideño, que el servicio postal imperial reconoce que no puede con él.

Tus dos cartas han llegado y te agradezco tardíamente la información sobre Schmidt. Noticias similares desde Francfort: Sonnemann, a quien él dio como referencia, tampoco lo conoce, pero uno de los redactores del Frankfurter Zeitung lo conoce como «profesional en lesa majestad» y asimismo como mártir intencional, que más tarde, «a fuerza de su martirio, se volvió tal vez un tanto schnorrer» (término del norte de Alemania para un gorrón). Él me escribió otra vez, ante lo cual le señalé las referencias falsas que me había dado, y desde entonces no he vuelto a saber nada del elefante con muletas.

Me ocuparé de que recibas los artículos en una u otra forma en cuanto hayan salido varios. Más tarde aparecerán en una edición separada, que también recibirás, por supuesto.

En los últimos cuatro o cinco días mi mujer ha mejorado muchísimo sin motivo aparente; es casi milagroso cómo parecen ocurrir estas cosas en las mujeres entre los 40 y los 50 años. Solo espero que dure.

El cajoncito también contiene un poco de siempreverde navideño, acebo con sus rituales bayas rojas, para clavarlo en el pudín cuando se sirva. El acebo está justo encima, para que los aduaneros se pinchen los dedos.

Y ahora, los más afectuosos saludos de mi mujer y míos para todos vosotros, ¡y feliz Navidad!

Tuyo,
F. Engels