122 Regent’s Park Road, N. W.  

Mi querido amigo:  

Marx me acaba de comunicar el durísimo, durísimo golpe que ha caído sobre usted con la muerte de su esposa. Comprendo plenamente el espantoso y desolador sentimiento de soledad en que este duelo, tras cincuenta años de dicha, tiene que haberlo sumido. Al mismo tiempo, conozco su carácter lo bastante bien para tener la certeza de que, con el tiempo, se sobrepondrá usted a ello y no cederá al desaliento. Está usted obligado a vivir hasta que vea, por lo menos, el primer adelanto de la victoria de esa causa por la que ha trabajado y luchado ya durante dos generaciones enteras; y hay ahora acontecimientos que se preparan en Oriente y que tienen que acelerar, y acaso provoquen, la caída del viejo sistema político y social. Entretanto, tenga la plena seguridad de que desde lo más hondo de mi corazón lo acompaño en su aflicción, y lo mismo hace mi esposa. No digo más. Sé que el consuelo, en un caso así, parecería una burla.  

Con sentida condolencia,  

Siempre suyo afectísimo,  
Frederick Engels