Me alegró mucho ver por tus cartas, una de las cuales desgraciadamente se extravió, que tu salud ha mejorado y que Hastings le sienta bien al buen muchachito y que ya tiene presencia propia. ¡Macte puer virtute!?

Por aquí vamos tirando de día en día, tan despreocupadamente como la cura exige para que tenga éxito. Últimamente hemos cesado casi por completo nuestras excursiones por los bosques de la montaña debido al tiempo bruscamente cambiante —ya lluvias primaverales, ya un aguacero, luego sol de nuevo—. Pero el frío que sobrevino de repente tras el prolongado calor ha desaparecido ya del todo.

Hemos trabado muchas amistades últimamente —aparte de algunos polacos, sobre todo profesores universitarios alemanes y doctores de otras clases.

A dondequiera que uno va le acosan con la pregunta: «¿Qué opina usted de Wagner?». Es muy típico de este músico de la corte imperial prusiano-alemana de última hora que él, más la esposa (la que se divorció de Bülow), más el cornudo de Bülow, más su suegro común Liszt, vivan los cuatro juntos armoniosamente en Bayreuth, abrazándose, besándose y adorándose mutuamente, y en general divirtiéndose. Si además se reflexiona que Liszt es un monje romano y Madame Wagner (de nombre de pila Cosima) su hija «natural» con Madame d’Agoult (Daniel Stern)… ¿qué libreto más offenbachiano podría concebirse que este grupo familiar con sus relaciones patriarcales? O también las andanzas de dicho grupo podrían —como los Nibelungen— convertirse en el tema de una tetralogía.

Espero, querida niña, encontrarte bien y feliz. Dale a Longuet mis mejores saludos y a mi pequeño nieto una docena de besos de su Cranky.

Adio