11 Camden Square  

Estimada señora Pauli:  

Deben de haber sido los mosquitos particularmente insistentes si se ha visto usted obligada a seguir los pasos de las damas rusas emancipadas y fumar cigarrillos. Espero, sin embargo, que, al igual que nosotros, haya disfrutado usted de un tiempo más fresco estos tres o cuatro últimos días y, por tanto, se haya visto libre de mosquitos. Aquí nos hemos quedado literalmente helados y hemos tenido que cerrar las ventanas, mientras mi mujer anhelaba chaquetas de piel. El viernes por la noche en Londres solo teníamos 6 grados Réaumur, y en Liverpool los melones se han helado por completo.  

La señora Marx se aloja con nosotros desde el martes.* Se ha recuperado bastante bien, pero probablemente tendrá que marcharse antes del martes, pues para entonces espera la visita de una sobrina del Cabo de Buena Esperanza.  

A pesar del tiempo, perseveramos en nuestros baños de mar, pues el agua todavía está templada y, con este viento, las olas son cada vez más hermosas y lo mantienen a uno caliente; son precisamente estos baños de mar fríos los que surten el efecto más tonificante, y la salud de mi mujer ha mejorado maravillosamente desde que se mete en el agua. El viernes volvemos a hacer las maletas y entonces, espero, por fin volveremos a asentarnos. Ambos estamos ya del todo hartos de holgazanear; mi mujer añora su cocina y yo mi escritorio, y los dos nuestra cama grande y espaciosa.  

La dirección de Marx en Karlsbad es: Dr. Marx, Germania, Schlossberg, Karlsbad. Hace unos días tuve noticias suyas; las aguas de Karlsbad les sientan de maravilla tanto a él como a su hija Tussy, pero, por desgracia, tienen una secuela fastidiosa: durante meses no se puede probar el alcohol ni comer ensalada ni otras cosas apetitosas por el estilo. Permanecerá allí por lo menos hasta mediados de septiembre, y tal vez una semana más, según lo exijan la cura y sus efectos.  

Al mismo tiempo que la suya recibimos carta de Pumps. Le contestaré en cuanto regrese a Londres; aquí, donde la holganza es una institución, siempre hace falta un esfuerzo de voluntad para sentarse a escribir.  

¿Qué hay del viaje de Pauli a Inglaterra? Sin duda habrá casi terminado las obras de construcción en la fábrica y, siendo tan aficionado a la mar brava, no debería aplazarlo mucho más.  

La señora Marx me pide que le transmita sus saludos más afectuosos, y mi mujer y yo les enviamos nuestro cariño a usted, a Pauli y a los niños. Hoy le mando a Pauli un periódico. Pues bien, que sigan todos bien y contentos, y cuando la cerveza sea especialmente buena, acuérdense de su sincero amigo,  

F. Engels