en Rheinau

Londres, 9 de noviembre de 1875
Estimado Pauli,
Ayer, en la prisa, olvidé lo principal. Le envío, pues, hoy por correo de impresos un paquete que contiene:
1. 3 cuadernos de "La cuestión de la vivienda"
2. "Los bakuninistas en acción"
3. "Social desde Rusia" (Separata del primer artículo, no reimpreso, en la cubierta del paquete)
4. "La guerra de los campesinos alemanes"
5. "Saboya, Niza y el Rin" (1860) mío
6. el "Manifiesto Comunista" de M[arx] y mío
7. "Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia" de M[arx]
(1852)
y espero que llegue sin novedad.
Una vez más, cordiales saludos
de su

F. Engels

Engels a Rudolf Engels

en Barmen.

Londres, 9 de noviembre de 1875

Estimado Rudolf,

Lamento que el viaje de Paul no se haya concretado, tal vez el próximo año.

— El sábado pasado regresamos de Ramsgate, adonde llevamos a nuestra pequeña por un año a una pensión. En el viaje de vuelta tomamos en el Dombotel un excelente Oberingelheimer, del que inmediatamente encargué una partida, y te ruego ahora que tengas la bondad de pagar al Sr. Theodor Metz, Dombotel, Colonia, por cuenta mía, 35 táleros = 105 marcos.

Colonia es la ciudad de los prodigios. Así, entre la catedral y la estación central, me encontré con un señor que se parecía asombrosamente a Hermann. Sólo que parecía algo más crecido, tenía más canas en la barba y un rostro terriblemente serio. Esperé —por desgracia en vano— las consabidas maniobras de esparcimiento para echarme en sus brazos. Este prodigio se produjo el viernes pasado por la mañana, entre las 10 y las 11.

Con cordiales saludos a Mathilde y a los niños.

Tu
Friedrich

Engels a Piotr Lavrovich Lavrov

en Londres

Londres, 12.[-17.] de noviembre de 1875

Mon cher Monsieur Lawrow,

Enfin, de retour d’un voyage en Allemagne, j’arrive à votre article que je viens de lire avec beaucoup d’intérêt. Voici mes observations y relatives, rédigées en allemand, ce qui me permettra d’être plus concis.

1. De la doctrina darwiniana acepto la teoría de la evolución, pero tomo el método de prueba de D[arwin] (struggle for life, natural selection) solo como una primera expresión, provisoria e imperfecta, de un hecho recién descubierto. Hasta Darwin, eran precisamente quienes hoy ven por todas partes solo la lucha por la existencia (Vogt, Büchner, Moleschott y otros) los que subrayaban la cooperación en la naturaleza orgánica, cómo el reino vegetal suministra oxígeno y alimento al reino animal, y a la inversa el reino animal suministra al vegetal anhídrido carbónico y abono; como lo había destacado especialmente Liebig. Ambas concepciones tienen una cierta justificación dentro de ciertos límites, pero una es tan unilateral y limitada como la otra. La interacción de los cuerpos naturales —tanto inertes como vivos— incluye tanto la armonía como la colisión, tanto la lucha como la cooperación. Por eso, cuando un pretendido naturalista se permite subsumir toda la múltiple riqueza del desarrollo histórico bajo la frase unilateral y pobre de "lucha por la existencia", frase que aun en el campo de la naturaleza solo puede aceptarse cum grano salis, tal procedimiento se condena ya de por sí.

2. De los 3 ub&zdennyie Darwinisty citados, solo Hellwald parece merecer mención. Seidlitz es, en el mejor de los casos, una lumbrera menor, y Robert Byr, un novelista, de quien casualmente aparece ahora en "Ueber Land und Meer" una novela: "Drei Mal". Ahí encaja también toda su fanfarronería.

3. Sin negar los méritos de su método de ataque, que yo calificaría de psicológico, yo habría elegido otro. Cada uno de nosotros está más o menos influido por el entorno intelectual en que se mueve preferentemente. Para Rusia, donde usted conoce a su público mejor que yo, y para una revista de propaganda que se dirige al sviazujuščij affekt, al sentimiento moral, su método es probablemente el mejor. Para Alemania, donde la falsa sensiblería ha causado y sigue causando un daño tan enorme, no serviría; sería malentendida, torcida sentimentalmente. Entre nosotros, hace más falta el odio que el amor —al menos por lo pronto— y, sobre todo, el despojarse de los últimos restos del idealismo alemán, el instaurar los hechos materiales en su derecho histórico. Por consiguiente, yo atacaría —y quizá lo haga a su debido tiempo— a estos darwinistas burgueses aproximadamente de la manera siguiente:

Toda la doctrina darwiniana de la lucha por la existencia es simplemente la trasposición, de la sociedad a la naturaleza viva, de la doctrina hobbesiana del bellum omnium contra omnes y de la doctrina económico-burguesa de la competencia, junto con la teoría maltusiana de la población. Una vez realizado este tour de force (cuya legitimidad incondicional yo niego, como lo insinué en el punto 1, particularmente en lo que atañe a la teoría maltusiana), se vuelven a trasponer estas mismas teorías de la naturaleza orgánica a la historia, y se afirma entonces haber demostrado su validez como leyes eternas de la sociedad humana. La puerilidad de este procedimiento salta a la vista, no hace falta decir una palabra al respecto. Pero si yo quisiera profundizar en ello, lo haría presentándolos, en primer lugar, como malos economistas y, solo en segundo lugar, como malos naturalistas y filósofos.

4. La diferencia esencial entre la sociedad humana y la animal consiste en que los animales, a lo sumo, recolectan, mientras que los hombres producen. Solo esta única pero capital diferencia hace imposible trasponer sin más leyes de las sociedades animales a las humanas. Hace posible que, como usted observa acertadamente, čelověk vel borjbu ne toljko za suščestvovanie, no za naslaždenie i za uveličenie svojich naslaždenij... gotov byl dlja vysšago naslaždenija otrečsja ot nissich. Sin refutar sus demás conclusiones al respecto, yo deduciría lo siguiente, partiendo de mis propias premisas: La producción humana alcanza, por tanto, en cierta etapa, una altura tal que produce no solo los medios de subsistencia necesarios, sino también goces suntuarios, aunque por lo pronto solo para una minoría. La lucha por la existencia —si queremos dejar valer aquí momentáneamente esta categoría— se convierte, así, en una lucha por los goces, ya no por los meros medios de existencia, sino por los medios de desarrollo, medios de desarrollo socialmente producidos, y a esta etapa ya no le son aplicables las categorías del reino animal. Pero cuando, como ocurre ahora, la producción en su forma capitalista produce una masa mucho mayor de medios de existencia y de desarrollo que la que la sociedad capitalista puede consumir, porque mantiene artificialmente alejada a la gran masa de los productores reales de estos medios de existencia y de desarrollo; cuando esta sociedad se ve forzada por su propia ley de vida a incrementar constantemente esta producción, ya de por sí excesiva para ella, y por eso, periódicamente, cada diez años, llega al punto de destruir no solo una masa de productos, sino también las mismas fuerzas productivas: ¿qué sentido conserva entonces la charlatanería sobre la "lucha por la existencia"? La lucha por la existencia no puede entonces consistir sino en que la clase productora arrebate la dirección de la producción y de la distribución a la clase hasta ahora encargada de ella, pero que ya se ha vuelto incapaz para ello, y eso es precisamente la revolución socialista.

Dicho sea de paso, ya la sola consideración de la historia precedente como una serie de luchas de clases basta para hacer aparecer en toda su superficialidad la concepción de esa misma historia como una versión apenas modificada de la "lucha por la existencia". Por consiguiente, yo nunca concedería ese favor a estos falsos naturalistas.

5. Por la misma razón, yo habría formulado de otro modo su tesis, sustancialmente muy justa, de čto ideja solidarnosti dlja oblegčenija borjby mogla ... vyrosti nakonec do togo, čtoby ochvatitj vsě čelověčestvo i protivupostavitj jego, kak solidarnoje obščestvo bratjev, ostalnomu miru mineralov, rastenij i životnych.

6. En cambio, no puedo coincidir con usted en que la borjba vsech protiv vsěch haya sido la primera fase del desarrollo humano. A mi juicio, el instinto social fue una de las palancas más esenciales del desarrollo del hombre a partir del mono. Los primeros hombres deben de haber vivido en bandadas, y hasta donde nos es posible mirar hacia atrás, encontramos que así fue.

17 novembre. J’ai été de nouveau interrompu et je reprends ces lignes aujourd’hui pour vous les remettre. Vous voyez que mes observations se rattachent plutôt à la forme, à la méthode de votre attaque, qu’au fond. J’espère que vous les trouverez assez claires, je les ai écrites à la hâte et en les relisant, je voudrais changer bien des mots, mais je crains de rendre le manuscrit trop illisible.

Je vous salue cordialement.

F. Engels