[Londres,] 14 de julio de 1875  
41 Maitland Park Crescent, N. W.

Señor:

En su artículo “The International Working Men’s Association” aparecen errores de hecho, a algunos de los cuales quisiera llamar su atención. Pero antes de hacerlo, permítame expresar mi asombro ante su afirmación:

«Creemos que próximamente aparecerá una traducción abreviada de esta obra» (Das Kapital).

He reservado el derecho de traducción y existe un tratado de derechos de autor entre Alemania e Inglaterra. Por lo tanto, impediré sin falta la circulación de cualquier epítome semejante no autorizado de antemano por mí. La abreviación brinda al *traduttore* facilidades peculiares para volverse *traditore*. Incluso la revisión de la traducción francesa no abreviada, publicada en fascículos en París, me ha causado más trabajo del que me habría supuesto reescribir todo el libro en francés.

Suponiendo que usted conoce al traductor, y deseoso de evitar la molestia de acciones judiciales, me he tomado la libertad de escribirle acerca de este asunto.

En cuanto a los errores de hecho que aparecen en su artículo, me limitaré a unos pocos puntos.

Dice usted:

«Das Kapital apareció poco después de los ensayos de Proudhon sobre las falacias de la economía política, y en un pequeño capítulo titulado Miserias de la filosofía Marx respondió al capítulo de Proudhon sobre la Filosofía de la miseria», etc.

Fue la voluminosa obra de Proudhon: *Système des contradictions économiques ou Philosophie de la misère*, a la que respondí con el folleto, escrito en francés, *Misère de la philosophie*. Este fue publicado en 1847, pero *Das Kapital* no lo fue hasta veinte años después, en 1867. Supongo que usted ha sido inducido al error por la muy poco fiable publicación de Fribourg sobre la “Internacional”.

Sin saber que, al dar completo el preámbulo de los Estatutos y partes del Manifiesto Inaugural de la Internacional, estaba usted citando efectivamente escritos salidos de mi pluma, usted reproduce de un discurso, sin nombre ni fecha, una proposición que, según dice, «debe de haber salido de la pluma del propio Dr. Marx». Desgraciadamente, no es así. Jamás vi ese discurso antes de leerlo en las columnas de *Fraser’s Magazine*. Evidentemente lo ha redactado uno de mis partidarios, pero al mismo tiempo contiene una fraseología imprecisa que no me agrada que se me atribuya.

Mazzini y Blanqui jamás tuvieron “correspondencia” alguna con el Consejo General de la Internacional. Cuando se fundó la Internacional, algunos obreros italianos, partidarios de Mazzini, y un tal mayor Wolff (cuyos documentos, descubiertos en la época de la Comuna de París, probaron que era un espía de policía, a sueldo regular del prefecto de policía bonapartista), agente suyo, pasaron a ser miembros del Consejo General. Wolff propuso un Manifiesto Inaugural y unos Estatutos que, según se sabía, habían sido escritos por Mazzini. Rechazados ambos documentos, y aceptados los redactados por mí, Mazzini, poco después, indujo a sus partidarios a separarse del Consejo General, y desde entonces hasta su muerte siguió siendo el más irreconciliable enemigo de la Internacional.

Orsini (hermano del patriota italiano) jamás estuvo presente en las sesiones del Consejo General ni le dio jamás informe alguno, interesante o no, sobre ningún tema. Mantuvo conmigo cierta correspondencia privada, relativa a sus actividades en los Estados Unidos.

Potter nunca fue miembro de la “Internacional”, Hales no estuvo presente en el Congreso de Basilea, etc.

Tengo el honor, señor, de ser suyo muy respetuosamente,  
Karl Marx