Londres, 12[-17] de septiembre de 1874

Querido Sorge:

Adjunta la factura que solicitó.4 En lo que concierne a los Estatutos alemanes*, le ruego mire en los libros si los gastos de impresión fueron pagados por el antiguo Consejo General o no. Creo que no; me los cargó a mí privadamente el Volksstaat y, a mi leal saber y entender, nunca se me reembolsaron. Sin embargo, si la cantidad aparece en el libro de cuentas como desembolsada por el Consejo General de aquí, entonces, evidentemente, los ejemplares pasarán a ser propiedad del nuevo Consejo General y el saldo a su favor frente a mí asciende a £6.3.6. A menos que usted tenga algún derecho sobre el dinero —cosa que, naturalmente, prevalece—, el actual Consejo General puede emplearlo como desee, si usted está de acuerdo. He adelantado £32 para los gastos de impresión de La Alianza[¢] y seguramente perderé algo así como la mitad, de modo que a fin de año tal vez resulte una bonita contrafactura. El hecho es que sería idiota entregar el dinero a esas nulidades que sólo están ahí para asegurarse de que todo marche mal.

Con su dimisión,™ la vieja Internacional queda liquidada por completo y en cualquier caso ha llegado a su fin. Y eso es bueno. Pertenecía al período del Segundo Imperio, cuando la opresión reinante en toda Europa prescribía la unidad y la abstención de toda controversia interna al movimiento obrero, que entonces acababa de despertar. Era el momento en que los intereses comunes, cosmopolitas, del proletariado podían pasar a primer plano. Alemania, España, Italia y Dinamarca acababan de incorporarse al movimiento o estaban a punto de hacerlo. En realidad, en 1864 el carácter teórico del movimiento era todavía muy poco claro en toda Europa, esto es, entre las masas. El comunismo alemán aún no existía como partido obrero, el proudhonismo era demasiado débil para poder imponer sus manías particulares, el nuevo disparate de Bakunin no existía ni siquiera en la cabeza de su autor, e incluso los dirigentes de las tradeuniones inglesas creían poder incorporarse al movimiento sobre la base del programa expuesto en los Considerandos[ b ] de los Estatutos.[ c ] El primer gran éxito tenía que hacer saltar por fuerza esta ingenua conjunción de todas las fracciones. Este éxito fue la Comuna, indiscutiblemente hija espiritual de la Internacional, aunque la Internacional no movió un dedo para producirla, y por la cual la Internacional —y con toda razón en esa medida— fue considerada responsable. Cuando, gracias a la Comuna, la Internacional se convirtió en una fuerza moral en Europa, empezó en seguida la riña. Cada tendencia quería explotar el éxito en provecho propio. Se produjo la inevitable descomposición. Los celos ante el poder creciente de los únicos que estaban realmente dispuestos a seguir trabajando en la línea del viejo programa global —los comunistas alemanes— empujaron a los proudhonianos belgas a los brazos de los aventureros bakuninistas. El Congreso de La Haya fue en realidad el final, y para ambas partes.[”] El único país donde aún cabía hacer algo en nombre de la Internacional era América, y por un instinto afortunado el ejecutivo fue trasladado allí. Ahora también allí se ha agotado su prestigio, y cualquier esfuerzo ulterior por insuflarle nueva vida sería una locura y un despilfarro de energías. Durante diez años la Internacional dominó un lado de la historia europea —el lado en que se halla el porvenir— y puede contemplar su obra con orgullo. Pero en su vieja forma ha caducado. Para producir una nueva Internacional como la vieja —una alianza de todos los partidos proletarios de todos los países— haría falta una represión general del movimiento obrero como la que imperó de 1849 a 1864. Para eso, el mundo proletario se ha vuelto ahora demasiado grande, demasiado extenso. Creo que la próxima Internacional —después que los escritos de Marx hayan actuado durante algunos años— será directamente comunista y proclamará abiertamente nuestros principios.

Stahl, de Chicago, estuvo aquí. Hombre de mucha capacidad práctica, como la mayoría de los germanoamericanos. También por lo demás me gustó, pero eso no quiere decir que no vaya a hacer alguna tontería en Alemania. Ni siquiera él es del todo inmune a ese disparate conciliador.

Los belgas y los bakuninistas están celebrando ahora su congreso en Bruselas.[ d ] Para informes, véase The Times, Londres, del 10 de septiembre y siguientes.* Catorce delegados en total: un alemán (lassalleano), un francés, un español (un desconocido llamado Gómez), un Schwitzguébel. Los demás, todos belgas. Desacuerdo general en todo lo esencial, disimulado por el hecho de que no debatieron, sino que sólo expusieron y escucharon. Cierto es que no he visto más que un informe. Los italianos anunciaron poco menos que su dimisión; una Internacional pública sólo podía perjudicarles, en adelante sólo pensaban conspirar. Los españoles se inclinan en la misma dirección. Por lo demás, no hacen más que contarse mutuamente mentiras sobre los colosales movimientos que están creando. Y se imaginan que aún hallarán gente que se deje engañar.

El señor Bastelica también se ha vuelto agente bonapartista. En Estrasburgo hizo insinuaciones de esa naturaleza a Avrial, antiguo miembro de la Comuna, y, naturalmente, le dieron con la puerta en las narices. Uno a uno, estos anarquistas acaban todos del mismo modo.

Mesa me ha escrito desde Madrid diciéndome que tendrá que ir a París porque la persecución del gobierno se le está haciendo insoportable. Así que hemos vuelto a estar en contacto con España una vez más.”

En Alemania las cosas marchan espléndidamente a pesar de las persecuciones, y en parte gracias a ellas. Los lassalleanos han quedado tan desacreditados por sus representantes en el Reichstag que el gobierno tuvo que empezar a hostigarles sólo para dar la impresión de que son un movimiento serio. Aparte de eso, desde las elecciones, los lassalleanos se han visto en la necesidad de agarrarse a los faldones de los nuestros.* Fue un verdadero golpe de suerte que Hasselmann y Hasenclever salieran elegidos para el Reichstag. Allí están arruinando visiblemente su reputación: o tendrán que unirse a los nuestros o hacer un desastre por su cuenta. Cualquiera de las dos cosas acabará con ellos.

El señor Jung creyó oportuno escribir a Liebknecht ¡y hacerle insinuaciones! Liebknecht me envió la carta y yo se la he enseñado a personas que se lo revelarán al señor Jung.

Marx está en Karlsbad bebiendo las aguas para curarse el hígado.’ Ha tenido mucha mala suerte. Apenas había conseguido recuperarse algo en julio en la isla de Wight” cuando tuvo que regresar porque su hija menor* cayó gravemente enferma de repente. No bien hubo llegado, murió el niñito de Jenny[ d ] a la edad de alrededor de un año. Eso le afectó de nuevo muy duramente. Creo que, una vez que su hígado esté bien, la cura podrá surtir más fácilmente efecto sobre su sobrecargado sistema nervioso. Todos los médicos pronosticaron que Karlsbad le haría mucho bien. Hasta ahora el gobierno austríaco le ha dejado en paz, y probablemente se marchará a finales de esta semana.

Las rencillas en Nueva York, que le hicieron a usted imposible permanecer por más tiempo en el Consejo General, son tanto una prueba como una consecuencia del hecho de que la cosa ha caducado. Cuando las circunstancias ya no permiten que una sociedad actúe eficazmente, cuando lo primero que hay que hacer es simplemente mantener atado el vínculo de unión para poder utilizarlo de nuevo cuando se presente la ocasión, siempre se encuentran personas incapaces de adaptarse a esta situación, que quieren hacerse los entrometidos a toda costa y exigen que «se haga algo», y ese algo no puede ser más que una necedad. Y si esas personas logran conquistar la mayoría, obligan a dimitir a todo aquel que no quiera cargar con la responsabilidad de sus absurdos. ¡Qué suerte que no enviamos los libros de actas!

Los refugiados franceses andan en el más absoluto caos. Todos se han enemistado entre sí y con todo el mundo por razones puramente personales, las más de las veces cuestiones de dinero, y ahora nos hemos librado casi por entero de ellos. Todos quieren vivir sin hacer ningún trabajo real, sus cabezas están llenas de inventos imaginarios que reportarían millones con tal que alguien les permitiese explotar sus descubrimientos, cuestión de apenas unas libras. Pero cualquiera que sea lo bastante ingenuo para tomarlos en serio será estafado y denunciado encima como burgués. Le Moussu se ha portado de manera más vergonzosa que nadie y ahora ha quedado al descubierto como un charlatán puro y simple.* Toda esta gente ha quedado horriblemente desmoralizada por su vida disoluta durante la guerra, la Comuna y el exilio, y la situación realmente tiene que ser desesperada para que un francés, una vez que se ha dejado ir, se enderece. La gran masa de los trabajadores franceses políticamente desconocidos, en cambio, sencillamente ha abandonado la política por el momento y ha encontrado trabajo aquí.

Los mejores saludos.

Suyo,
F. Engels

17 de septiembre de 1874

Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores
Cuenta con F. Engels

Cuenta N.° 1

1873 Nov.   Recibido por conducto de Serraillier                              £16.-.-
Sept.   Telegrama a Nueva York                                               £1.16.-
»       25 ejemplares de «La Alianza»¢ por correo 2/-               £2.10.-
1874 Feb.   120                        ídem                        ídem  2/-       £1.4.-
»        12                        ídem                        ídem  2/-       £1.4.-
»       100 ejemplares de los «Estatutos» ingleses por correo sin franqueo   £12.6
»       400                        ídem                        ídem         ídem      £2.10.-
»       300 ejemplares de los «Estatutos» alemanes         ídem      £1.5.-   £11.1.6
Saldo a favor del Consejo General                        £4.18.6

@ Véase este volumen, págs. 11-13. — & La cuenta está escrita en una hoja aparte y se adjunta a esta carta. — ¢ K. Marx y F. Engels, La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de los Trabajadores. — 4 K. Marx, Estatutos Generales y Reglamentos Administrativos de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Cuenta N.° 2

1874 Agosto.   Costes de impresión de L’Alliance adelantados por F. Engels:   £32.-.-
Hasta ahora sólo se ha recibido el pago por los 49 ejemplares antes mencionados
para América (sin contar el franqueo) £4.18.-
Queda pendiente a mi favor                   £27.2.—
(Quedan por liquidar las cuentas con Darson y Meissner.)

Londres, 17 de septiembre de 1874
F. Engels

* a «Ahora, Señor, despídeme...» (cf. Lucas 2:29). — > Ludwig Kugelmann — © nombre jocoso para Engels.
4 Véase este volumen, págs. 44-45. — ¢ K. Marx, Allgemeine Statuten und Verwaltungs-Verordnungen der Internationalen Arbeiterassoziation (K. Marx, Estatutos Generales y Reglamentos Administrativos de la Asociación Internacional de los Trabajadores).
b Preámbulo. — c K. Marx, Estatutos Provisionales de la Asociación.
” Congreso de La Haya (septiembre de 1872).
d El Séptimo Congreso Internacional de los Trabajadores, Bruselas, 7-13 de septiembre de 1874.
* The Times, núms. 28104, 28105, 28107, 28108, 28109; 10, 11, 14, 15, 16 de septiembre de 1874 (‘The Seventh International Working Men’s Congress’).
” Véase este volumen, págs. 48-49.
* Alusión al Partido Obrero Socialdemócrata Alemán (eisenachiano).
’ Marx permaneció en Karlsbad del 19 de agosto al 21 de septiembre de 1874.
” Marx estuvo en la isla de Wight desde mediados de julio hasta finales de julio de 1874.
c Eleanor. — d Charles, primogénito de Jenny Longuet.
* Véase este volumen, págs. 11-13.