41 Maitland Park Road, N. W.

Mi querido conciudadano:

Después de recibir su penúltima carta, informé personalmente a Rochefort de su contenido, pero él ya había llegado a un acuerdo con el editor inglés que publica en Londres la Lanterne anglo-française.

En cuanto a la demora de nuestra publicación, puede usted estar seguro de que a nadie le causa mayor disgusto que a mí. No se trata, como usted parece imaginar, simplemente de una cuestión de detalles y de pequeñas correcciones de estilo de la edición francesa del primer tomo de El Capital; más bien he tenido, y aún sigo teniendo, que rehacer prácticamente todo el trabajo. Una vez condenado a esta ingrata tarea, añadí aquí y allá algunos nuevos desarrollos importantes, que darán a la edición francesa —como señalaré de paso en el epílogo— un valor que no posee el original alemán. En cuanto a mis amigos franceses, solo pueden ser de utilidad en algunos puntos de fraseología.

Mis cartas anteriores deben de haberle convencido de que únicamente la debilidad física me ha impedido terminarlo. Mi salud se ha visto agravada además por desgracias familiares: el único hijo de la señora Longuet, un angelito de diez meses, nos ha sido arrebatado por un repentino ataque colérico, mientras que mi hija menor lleva meses padeciendo una grave enfermedad.

Sin embargo, mi médico —que me ha dado estrictas instrucciones de abstenerme por el momento de todo tipo de trabajo— dice que una estancia en Karlsbad y la toma de sus aguas minerales producirán una curación completa. Salgo el 15 de agosto, de modo que podré reanudar el trabajo a finales de septiembre, y tiene usted mi garantía de que la tarea estará terminada para finales de noviembre. Por el momento, la demora no puede ser de gran importancia, dado que ha comenzado la temporada muerta.

En cualquier caso, los retrasos anteriores, de los que no fui en modo alguno responsable, y la total falta de publicidad ocasionada por el estado de cosas en París, habían acabado hace tiempo con las ventas por entregas. Tengo en mis manos una carta suya (desde San Sebastián) en la que lo dice categóricamente, añadiendo que sería imposible poner las cosas nuevamente en marcha hasta después de la venta de la obra completa.

Siempre le estaré muy agradecido por el interés que ha puesto en esta publicación y por la paciencia con que ha soportado los incidentes fastidiosos. La necesidad de una base científica para el socialismo se hace sentir cada vez más en Francia, como en todas partes.

Suyo siempre,

Karl Marx